Opinión

¡Cuidado!, la política pública puede dañar
tus finanzas

 
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Ahorro. (Fecosba)

Es fácil percibir un contrasentido entre la política económica y los requerimientos individuales de la población, pues aunque suene extraño, los objetivos pueden ser diferentes. Entenderlo nos sirve para valorar las decisiones de finanzas personales.

Uno de los primeros conceptos que enseñan cuando se estudia economía es la denominada paradoja del ahorro. Dice que en épocas de recesión las familias ahorran más, lo cual provoca menos consumo, un desincentivo en la producción y al final termina reduciendo el ahorro por los altos niveles de desempleo.

Esta visión macroeconómica es bien conocida por las autoridades fiscales y monetarias y por eso enfrentamos en forma cotidiana confusión entre nuestras metas y los estímulos del sistema.

Por ejemplo, sabemos que un principio básico de la riqueza familiar está en ahorrar e invertir el patrimonio; pero, se propicia el gasto para incidir en una mayor actividad productiva, incluso con estrategias públicas como la de El Buen Fin.

Se levanta una ola de opinión pública haciendo ver la urgencia de incentivar un ahorro a través de las Afore; sin embargo, existe un creciente porcentaje de personas sin cotizar porque han flexibilizado los esquemas de outsoursing, economía informal y trabajo a destajo.

México debe estar a la vanguardia en la innovación; pero la tecnología por lo regular reduce la proporción de mano de obra, con la intención de bajar los costos.

Por eso vemos anuncios de grandes inversiones, en donde destinan las compañías millones de dólares con una empleabilidad mínima. Esto implica que cada vez se requiere una cantidad superior de dinero para generar una plaza laboral.

El endeudamiento es otro de los elementos a tomar en cuenta, pues se tiene plena convicción de la necesidad de un incremento en la inclusión financiera facilitando el crédito a todos los estratos sociales.

La consecuencia, ante la falta de educación financiera, es el desbalance y quiebra de un sinnúmero de familias.

Habremos de sobreponernos a este tipo de paradojas, porque debemos considerar que lo bueno para la mayoría no necesariamente es adecuado para cada uno de los individuos.

Dejemos a las autoridades con su preocupación de resolver los asuntos nacionales y evitemos caer en la trampa de estímulos que minan nuestra economía doméstica.

El ahorro, la inversión, evitar el sobre endeudamiento, cotizar en los servicios de pensión, en fin, todo lo que dé seguridad a largo plazo a la familia es una prioridad.

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