Opinión

Cuidado con la soberbia


Quizás a la administración de Enrique Peña Nieto le viniera bien un buen tropezón en el curso de los siguientes meses.
 
No, no es broma. Tal vez el desempeño del sexenio en su conjunto resultaría más afortunado si en este primer año el gobierno fracasa en alguno de sus proyectos no esenciales, pero importantes.
 
Déjeme explicarle por qué a través de una metáfora.
 
Imagine un equipo de futbol que arranca un torneo invicto. Acumula juegos y juegos sin perder, y parece que no hay rival que le pueda ganar.
 
Una posibilidad es que los jugadores se confíen en exceso y en algún juego crucial pierdan.
 
Otra es que haya un enorme desgaste por la presión de no perder y que a la mitad del torneo ese equipo se quede sin fuelle para mantenerse al frente, y en lugar de acumular victorias, empiece a tener derrota tras derrota.
 
Al equipo de Peña Nieto podría pasarle algo parecido si no tiene los pies en la tierra.
 
En la edición de The Economist que circula esta semana hay un interesante editorial que se denomina 'Peña's promising start'.
 
En el texto se ponderan los éxitos logrados durante los primeros 4 meses del actual gobierno, los muchas veces citados: la reforma educativa, la reforma a las telecomunicaciones y competencia; el arresto de Elba Esther Gordillo y los cambios en materia de amparo, por referir sólo algunos.
 
Se cita también que no sólo ha sido gracias a Peña Nieto, sino a las dirigencias de PAN y PRD.
 
El resultado de esta expectativa se refleja en la apreciación de 16% en el peso frente al dólar de junio del año pasado al final de marzo.
 
Pero el semanario británico pone los puntos sobre las íes: falta por hacer mucho más de lo que ya se ha hecho.
 
Por un lado, está la aplicación de la reforma de las telecomunicaciones. No basta con los cambios constitucionales, se requiere la instrumentación adecuada, tanto en la ley secundaria como en la selección de los integrantes del Ifetel.
 
El segundo reto es la reforma energética, que de acuerdo con The Economist debe tener al menos 2 ingredientes. El primero son los contratos de riesgo, sobre todo para aguas profundas y shale (gas y crudo), así como el cambio de su régimen fiscal para permitirle aumentar sus inversiones, lo que deberá venir junto con la reforma fiscal.
 
Otro tema en el que faltan resultados es la seguridad. Se requiere que estrategias e instituciones, como la 'gendarmería', se conviertan en realidad para que el cambio no sea sólo en la manera en la que se comunican los temas de seguridad, sino también en la mejoría de ésta.
 
Y además de todo, cierra su editorial The Economist, se requiere que la renovada fuerza del gobierno se use para mejorar las políticas públicas y no para recrear el monopolio del poder que tuvo el PRI hasta antes de 1997.
 
Cuando el mundo entero no cesa de hacer elogios del gobierno de Peña Nieto y sus primeros resultados, es difícil mantener los pies sobre la tierra.
 
Pueden surgir actitudes -que ya se aprecian en algunos funcionarios- de soberbia, que usualmente traen consigo la miopía e incluso la ceguera.
 
El gobierno debe tener en cuenta que lo más difícil de su gestión está por venir, y que hasta que aterrice en el detalle la reforma de las telecomunicaciones, que se lance la energética y que prospere la fiscal, podrá decir que se ha 'ganado el torneo'.
 
Mientras tanto, quizás el reto más importante que tiene el equipo gobernante es de actitud.
 
Conseguir que se mantenga la disciplina estratégica y la capacidad de operación política que le permitieron estos primeros 4 meses de ensueño, es crucial.
 
Por eso, una derrota en algún frente que no sea esencial, podría ser un buen estímulo para reconocer que el gobierno no es infalible ni invencible.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx