Opinión

Cuetlaxóchitl o Euphorbia Pulcherrima, ¿qué es?

El 25 de diciembre de 1825, el primer embajador aquí de Estados Unidos, Joel Roberts Poinsett, por cierto de triste memoria para nuestro país, conoció la flor de Nochebuena, originaria de México. Fue en la visita que hizo ese día de Navidad al templo de Santa Prisca en Taxco, cuyo nacimiento adornaban los padres franciscanos con esa hermosa inflorescencia. Apenas la vio el diplomático norteamericano y le pareció bella, elegante y exótica.

Tanto le encantó a Poinsett la cuetlaxóchitl, como llamaban a esta flor los aztecas por su color rojo encendido, que hizo un embarque de estas plantas a sus amigos de Charleston, en Carolina del Sur, de donde era originario y ahí se inició su cultivo en Estados Unidos. De ese lugar pasó a Europa y Sudamérica y por haberla llevado Poinsett, es que, lamentablemente, se conoce en algunos países como “poinsettia”.

Esta bella flor, regalo de nuestro país al mundo desde hace casi dos siglos, imprescindible para adornar el escenario navideño aun en regiones del planeta en los que la natividad de Cristo poco o nada significa, no debió llevar jamás el nombre de ese extranjero intrigante, por el negativo papel que jugó al promover la división y el enfrentamiento político entre los mexicanos, justo cuando nuestro país nacía a su vida independiente. Así fue de manera tan evidente, que un diario de la época, “El Sol”, comentó que Poinsett, según versión de su biógrafo el historiador José Fuentes Mares, se marchó de nuestra patria “acompañado de millones de maldiciones”.

Aunque por fortuna no en todas partes se le conoce con tal nombre. Y no porque su denominación científica sea euphorbia pulcherrima, sino porque su belleza ha multiplicado sus nombres, por razones diversas. Así, en Argentina, que para nuestra sorpresa es considerada nada menos que la flor nacional de ese país, se le conoce como “Estrella Federal”, por haber sido el símbolo que en el siglo XIX adoptaron las fuerzas federales argentinas en la lucha contra sus adversarios centralistas.

En Chile y Perú le nombran “Corona de los Andes”, en Venezuela “Flor de Navidad” y “Bico de Papagallo” en Brasil. Aun en nuestro país adopta diversos nombres, “Sijoyo” en Chiapas, “Flor de Pascua” en Guerrero, Michoacán, Veracruz e Hidalgo y curiosamente “Flor de Santa Catalina” en Oaxaca o simplemente “Catalina” en Durango.

Pues bien, según información oficial difundida en días pasados, la producción comercial de la flor de nochebuena en México se realiza en una superficie de alrededor de 300 hectáreas, ubicadas principalmente en los estados de Morelos, con poco más de la tercera parte (34.5 por ciento), Michoacán con 21.5, el Distrito Federal 16.9, Puebla con 11.3 y el 15.8 por ciento restante se localiza en Jalisco, México y Oaxaca. El valor de su producción se estima en 700 millones de pesos y se dice que genera tres mil 200 empleos directos y 9 mil 600 indirectos.

Como dato interesante adicional, la información gubernamental indica que las principales zonas de producción se encuentran en Cuautla, Jiutepec, Cuernavaca, Emiliano Zapata y Tepoztlán en Morelos; Atlixco en Puebla; Xochimilco en el Distrito Federal; San Lorenzo y Atlacomulco en el estado de México; Zitácuaro en Michoacán y Guadalajara en Jalisco.

De igual manera la información señala que los nombres de las variedades producidas en nuestro país son las conocidas como freedom, subjidi, joy pink y White red angel, principalmente, aunque existen otras más de veinte variedades.

En cuanto a su color, que como se sabe fue precisamente el rojo encendido que le dio su nombre entre los aztecas, se ha modificado por métodos genéticos. Y aunque el noventa por ciento continúa siendo el rojo y un cinco por ciento es de colores blanco o amarillo, el cinco por ciento restante comprende los colores rosa, rosado o marmoleado, y también con variantes, como salpicadas en rojo y blanco. Interesante, ¿verdad?