Opinión

Cuestión de principios

Gabo. In memoriam.

La semana transcurrida ha dado pauta a la reflexión y a los actos de contrición, no sólo por las conmemoraciones religiosas que en estos días tienen lugar. El fallecimiento del gran escritor que hizo desde Macondo las delicias de una generación de lectores con la magia de su pluma, mueve al recuerdo y a la meditación. Al Coronel que espera la misiva, a los Aurelianos, Úrsula, Mauricio, Melquiades, Amaranta. A sus putas, hoy más tristes, nuestro más sentido pésame.

Macondo (algún lugar del territorio). Jueves 17 de abril, 2014. 2359 hs. El representante plenipotenciario del gobierno central recibe en su improvisado cuartel general de campaña pacificadora el urgente mensaje: “Prevese movimiento telúrico gran intensidad zona su responsabilidad. Tome medidas considere pertinentes e informe resultados”. De inmediato, el alto delegado convoca a reunión a su equipo de colaboradores expertos, atentos todos a su llamado: asesores, delegados ministeriales, fuerzas de seguridad, especialistas de inteligencia, gurús y chamanes (por si acaso) y desde luego, el enlace de las fuerzas de autodefensa. Se analiza la situación, se toman las decisiones procedentes, se giran instrucciones, se realiza la coordinación, se despliegan fuerzas especiales y se procede a dar cumplimiento a las superiores instrucciones.

Capital del país. Cuartel general de la política central. Viernes 18 de abril, 2014. 0927 Hs. Informe de resultados: “Cumpliéronse superiores instrucciones. Movimiento sofocado. Telúrico detenido y sujeto investigación M.P., aseguráronse tres kilos coca, armas largas, cortas, cartuchos, numerario nacional y extranjero. Mayor información cuando pase este p…temblor”.

El espacio vacacional brinda la oportunidad para tratar de deglutir la ingente cantidad de basura informativa que se produce cotidianamente y para hacer labor de pepena a fin de separar los malolientes productos mediáticos, orgánicos e inorgánicos, que se entremezclan sistémicamente y obstruyen la más aguda visión y la más pulida vocación analítica a causa del ruido constante y vertiginoso a que nos sujeta la vorágine noticiosa, destilada, difusa y dispersa.

Una cándida pregunta en cordial y relajada charla de sobremesa da paso a la reflexión: ¿Cuál es el futuro de este país, inequitativo, inseguro, corrupto y con una cultura política sin frenos? El cuestionamiento es en sí una afirmación irrefutable. El prestigio de nuestra clase política no se encuentra en su mejor momento y el mal aprovechado momentum de las oposiciones no les heredó la indispensable fortaleza para ser un real factótum. La merma de liderazgos legítimos, respetables y respetados es evidente, se han extinguido o están en proceso de… y ello fortalece la opción única: fideos o jodeos, no hay otra sopa. Pleitos en diestra y pleitos en siniestra, escándalos y abusos. El poder y el cargo como fin de satisfacción privada y no como medio para el bien común.

La herencia política y el tradicional sistema de acceso al poder ofertan un pobre horizonte para el desarrollo de líderes e ideologías sustentables y comportamientos que logren recuperar la confianza ciudadana en sus instituciones, que den esperanza razonable a su futuro como individuos y como colectividad.

Personajes políticos, en escaparate constante por sus desmedidos apetitos, con una deteriorada fama pública, seguidos de sospechas de delitos cometidos al amparo de la impunidad que les otorga la circunstancia o el encargo y la voluptuosidad de que les provee el erario público, poca confianza ofrecen al soberano.

En prospectiva, los escenarios que puedan diseñarse nos remiten, paradójicamente, al pasado, pero a uno inmediato y nefasto, porque no siempre fue así. Hubo en esta espoliada nación hombres ocupados y dedicados a su progreso y felicidad, si no perfectos, sí éticos y morales en el cumplimiento de su responsabilidad histórica.

Los tiempos cambian, el espíritu permanece. Los valores y principios de una nación deben trascender inmaculados.

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