Opinión

Cuesta arriba la rodada

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Enrique Peña Nieto

Primero fue Videgaray: “podemos realizar diez reformas energéticas pero si no añadimos confianza, no podremos aprovechar todo el potencial de la economía mexicana” (Financial Times, 16.02.15).

Dos semanas después, el presidente Peña volvió sobre el tema y fue más enfático: México está asolado por “la incredulidad y la desconfianza” (Financial Times, 02.03.15).

Este reconocimiento constituye un paso adelante respecto de las teorías del complot, que explican los problemas como una forma de resistencia de quienes fueron afectados por las reformas.

No es seguro, sin embargo, que en Los Pinos se comprenda cabalmente lo que está ocurriendo. La incredulidad y la desconfianza fueron catalizadas por Ayotzinapa y los conflictos de interés, pero no tienen allí su origen.

De entrada, hay que señalar que hay un descontento generalizado contra la clase política, en su conjunto, por la ineficacia y la corrupción. Pero, dicho eso, la incredulidad y la desconfianza de la gente sí se concentran en el gobierno y, en particular, en el presidente de la República.

Una primera explicación proviene del pasmo presidencial. Ni frente a Ayotzinapa, ni frente a los problemas económicos, ni frente a la licitación del tren México-Querétaro por la SCT, se optó por cambios en el gabinete para proteger la jefatura del Estado y corregir el rumbo.

En el caso de los 43, había elementos que justificaban el relevo en la PGR, toda vez que está acreditado que Murillo Karam fue informado
–un año antes– de lo que ocurría con los Abarca, en Iguala, pero no tomó cartas en el asunto.

En el caso de la economía, mucho antes de la caída del precio del petróleo, voces de muy distinta índole alertaron sobre los efectos negativos que tendría “la reforma fiscal” en el consumo, la inversión y el crecimiento.

De hecho, si se revisa cómo ha oscilado la popularidad presidencial se pueden precisar las causas del deterioro: enero 2013, aprobación 43 por ciento; marzo 2013, aprobación 55 por ciento (Elba Esther Gordillo fue detenida el 26 de febrero); octubre 2013, aprobación 35 por ciento (Cfr. Ulises Beltrán, Nexos, 447).

¿Qué fue lo que sucedió entre marzo y octubre? Las marchas de la CNTE que iniciaron en julio y desquiciaron, por varias semanas, la ciudad de México. Y el anuncio de la reforma fiscal en septiembre.
Posteriormente, EPN se recupera y un año después regresa al 43 por ciento, para sufrir una caída estrepitosa en diciembre, después de Ayotzinapa y la 'casa blanca'.

Lo paradójico de esta historia es que no se entiende qué es lo que querían el presidente y su gabinete. La defenestración de la maestra Gordillo no tenía por qué traducirse en un fortalecimiento de la CNTE, ni en una tolerancia que puso de rodillas a la ciudad de México.

¿Qué buscaba el gobierno de la República al cobijar un movimiento radical que tiene ligas con organizaciones guerrilleras y apercolla a los gobiernos de Oaxaca y Guerrero? Misterio.

Con el paquete fiscal la historia es igualmente confusa. Como candidato a la presidencia, Peña Nieto propuso una reforma sensata y oportuna, que no golpeaba ni a la inversión, ni al consumo, ni a las clases medias.
Es más, buena parte de la gente que votó por él lo hizo en contra del programa económico que enarbolaba López Obrador. Sin embargo, la “reforma fiscal” se cortó a la medida del PRD.

¿Qué sentido tenía que EPN golpeara la base electoral que lo llevó a la presidencia? Misterio. Pero lo más grave es que la situación económica se ha complicado, tanto por la “reforma fiscal” como por la caída del petróleo, y no se ve la luz al final del túnel.

Para acabar de empeorar las cosas, el SAT ha emprendido una ofensiva contra los contribuyentes cautivos y los informales, al mismo tiempo que los escándalos de corrupción aparecen un día sí y otro también.

Finalmente, no está claro que el propósito principal del gobierno sea recobrar la confianza y la credibilidad. Sus resistencias, iniciales, frente al sistema anticorrupción generan suspicacias. Amén de las prácticas que pretenden modular (por decirlo cortésmente) los medios de comunicación.

Así que, ante esta comedia de equivocaciones, bien se puede parafrasear a Gardel: cuesta arriba es la rodada…

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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