Opinión

Cuerpos de élite, para defender al ciudadano

Ya aparecieron volantes en el barrio de Tepito que invitan a jóvenes a incorporarse a la filial del Cártel del Golfo en el Distrito Federal. Nadie hace eso por juego.

De esos embriones criminales se desprenden luego subespecialidades en delitos como asaltos, robos a casas habitación, extorsiones y cobro de derecho de piso, entre otros.

En Michoacán, en Guerrero, en Morelos, el Estado de México y el Distrito Federal, padecemos de la misma pesadilla. Es un problema regional.

La inseguridad que hay en el Estado de México también se vive en el Distrito Federal, pues las fronteras entre ambas entidades son ficticias. ¿Tiene solución? Por supuesto que sí.

Es hora de que la excelente relación entre el presidente Peña Nieto, el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera y el gobernador mexiquense Eruviel Ávila se demuestre en los hechos.

Desde hace más de 15 años que no se daba una relación tan armónica y civilizada entre el Ejecutivo federal, el jefe de gobierno capitalino y el gobernador del Estado de México. Eso tiene que traducirse en coordinación eficaz en favor de la seguridad.

No puede ser que hayamos estado mejor cuando los gobernantes se llevaban peor.

Si recordamos un poco las estadísticas, veremos que el Distrito Federal era la entidad con mayores índices delictivos del país, durante el gobierno local de López Obrador y la presidencia de Vicente Fox.

Los números se movieron con mayor celeridad en el Estado de México en estos meses, pues se contaminó de las prácticas delictivas que tenían epicentro en Guerrero, Michoacán y Morelos.

De esta manera la capital del país también se encuentra erosionada por el germen de la violencia, que se expresa con mayor crudeza en las zonas aledañas a la entidad mexiquense.

Ahora que la relación entre el presidente Peña, el gobernador Ávila y Miguel Mancera es óptima, sería obvio ver un programa para combatir a la delincuencia que se ha forjado al calor de la lucha contra el narcotráfico.

Los éxitos indudables en el combate al narcotráfico a nivel nacional han arrojado una multiplicación de delitos que afectan a la ciudadanía de manera directa. Se desmiembran bandas y se expande una miríada de pequeñas pandillas dedicadas a secuestrar o a asaltar a la gente pobre a bordo del transporte público.

Por eso urge una acción conjunta entre la Federación y los gobiernos estatales que rodean a la capital para limpiar lo que va quedando de la lucha contra el narcotráfico. Hay que combatir al crimen menor, derivado de una actividad criminal mayor.

Muy bien que se persiga a los grandes capos, porque formaron un poder que le disputaba al Estado la supremacía en la aplicación de la ley en vastas zonas del territorio nacional.

Pero ahora amerita la creación de cuerpos de élite para defender al comerciante, al obrero que toma un camión, al empresario que arriesga su patrimonio en la instalación de una fábrica.

La buena relación entre los gobernantes a nivel federal, la capital del país y del Estado de México, así lo sugieren.

Estelas.

Esa alianza de Javier Corral (PAN) con Cuauhtémoc Cárdenas (PRD), contra leyes de telecomunicaciones, es “a pesar de nuestras diferencias”, dicen. ¿Cuáles diferencias? Corral piensa como perredista y actúa como perredista, sin asumir el peso de serlo. Esa es toda la diferencia.