Opinión

Cuentas externas

       
1
   

    

Petróleos Mexicanos, Pemex. (Cuartoscuro)

Entre las muchas quejas y explicaciones por el precio de las gasolinas y el diésel, se ha hecho poco caso, si alguno, al impacto que tendrá sobre nuestro comercio exterior. Como usted sabe, una gran proporción de esos combustibles viene del exterior y hay que pagar en dólares. Antes consumíamos menos y exportábamos mucho petróleo, de forma que la balanza comercial de estos productos era muy positiva. Seguramente recuerda usted que pensábamos que éramos un país petrolero, o que el rescate de 1995 se respaldó con la facturación petrolera. Bueno, eso ya no existe.

En tiempos de Ernesto Zedillo, la balanza petrolera estuvo entre cinco y 10 mil millones de dólares por año. En el gobierno de Fox, con un precio creciente (aunque una producción menor a partir de 2004), alcanzamos los 20 mil millones de dólares por año. Justo antes de que viniera la Gran Recesión, en julio de 2008, la balanza petrolera llegó a 23 mil millones de dólares, y la energética a 28 mil. (La energética no incluye petroquímicos, pero sí electricidad, que comerciamos con el exterior).

La caída del precio internacional, que se sumó a la menor producción, nos redujo mucho el ingreso de dólares, pero prácticamente nunca estuvimos por debajo de 10 mil millones de dólares. Incluso hacia fines del gobierno de Calderón regresamos a los 15 mil millones por año. De entonces para acá, la tragedia. En septiembre de 2012 la balanza petrolera anualizada era de 14 mil 400 millones de dólares; en octubre pasado fue de menos 12 mil 200 millones de dólares. Es decir, el petróleo ya no da divisas, las quita.

Para evitar un problema mayor (como los ocurridos en 1976, 1982 o 1994), es necesario que la cuenta corriente no tenga un gran déficit. Grande significa el equivalente a 5.0 por ciento del PIB, que fue el nivel alcanzado en esas tres fechas, todas de fin de sexenio y todas de crisis. Si no queremos eso, hay que evitar que se nos deteriore más el comercio, y ahora el problema, no la solución, es el petróleo. Como usted imagina, hay sólo dos opciones: exportar más o importar menos. Para exportar más, hay que sacar el petróleo del subsuelo, y para eso se hizo la reforma energética, que ya ha permitido atraer empresas que empezarán a producir en unos años. No se puede hacer más en ese renglón.

Queda importar menos. La mitad de las importaciones petroleras son gasolina y diésel. Vender ese producto barato en México implica promover el consumo, es decir, las importaciones, es decir, avanzar hacia la famosa 'crisis de fin de sexenio'. Por el contrario, para impedir esa posibilidad, una de las mejores cosas que se pueden hacer es reducir el consumo del combustible. Y no existe mejor manera de lograrlo que con un precio alto. Dicho en menos palabras: tiene usted que elegir entre crisis de fin de sexenio o pagar un impuesto especial a la gasolina. Está fácil.

Como hemos visto, buena parte de los problemas del México actual fueron creados y alimentados durante un siglo de pésimas ideas. No nos llegó del cielo la corrupción, el clientelismo, la ineficiencia y la improductividad. Las fuimos construyendo y cuidando por décadas, y por eso cosechamos las ya mencionadas crisis de fin de sexenio, el crecimiento escaso, la pésima distribución, y el desprecio por la ley que está detrás del deplorable sistema político, la corrupción, la violencia y el crimen organizado. Modificar eso nos está costando mucho. Cumplimos 20 años de la transición política y apenas dos de la reforma estructural. Falta un rato.

Profesor de la Escuela de Gobierno,Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
​Precio de la gasolina
Feliz 2017
​Globalización y desigualdad