Opinión

Cuatro apuestas dudosas

  
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AMLO (Cuartoscuro)

López Obrador tiene una ventaja, pero aún no ha ganado la presidencia. Por eso resulta absurdo que haga cuentas alegres dando por sentado que se instalará en Los Pinos. Pero minimizar la fuerza de su candidatura y el impulso que ha venido tomando es igualmente irracional.

Los enemigos y adversarios de López Obrador apuntan cuatro factores que podrían terminar desinflando su campaña. Pero la realidad es que ninguno de ellos, ni todos juntos, permiten concluir que su victoria es imposible. Enumero:

1) Los videoescándalos de Eva Cadena, y la evidencia que Delfina violó abiertamente la ley al descontar cuotas a los trabajadores de Texcoco, hubieran afectado a cualquier candidato. Pero no ha ocurrido así ni con López Obrador ni con Delfina, que permanece empatada con Del Mazo. Los videos, por lo demás, han corrido una suerte similar a lo que ocurrió con los casos de Bejarano e Imáz. Andrés Manuel no es indestructible, como él dice, pero sigue gozando del efecto teflón.

2) Otro argumento recurrente es que López Obrador va en solitario y por eso encabeza las encuestas, pero eso cambiará radicalmente cuando empiecen formalmente las campañas. Que habrá un cambio, no se discute. Sin embargo, no es para nada evidente que será un ‘cambio radical’. López Obrador es el puntero, y todo indica que arrancará como tal y será el candidato a vencer en 2018.

3) El PRD, aunque ha perdido fuerza, se ha transformado en el fiel de la balanza y podría convertirse en el factor determinante de la derrota de López Obrador. La izquierda dividida no puede ganar. Dos acotaciones deben hacerse al respecto. Primero, no se puede descartar que AMLO logre cohesionar al PRD y al resto de los llamados partidos de izquierda; sobre todo, si sigue fortaleciéndose y las expectativas de victoria se incrementan. Segundo, 2018 registrará una polarización similar a lo que ocurrió en 2000, 2006 y 2012. El voto útil, con o sin segunda vuelta, será fundamental. Fox ganó, pese a que se estimaba que sin una alianza con el PRD no podría obtener la victoria. Así que en esta materia no hay nada escrito. Es perfectamente posible que en una elección polarizada, López Obrador drene a su favor el voto de los partidos de izquierda que no se sumaran a su campaña.

4) López Obrador es un peligro para México. Tarde que temprano los electores lo entenderán, como hicieron en 2006, si bien la victoria de Felipe Calderón fue con apenas 0.56 por ciento de los votos. Pero lo que fue, no necesariamente será. El país y las circunstancias han cambiado. Pasaron 12 años de gobiernos panistas y está por concluir el sexenio de la alternancia de la alternancia. El regreso del PRI al poder ha sido un desastre en materia de seguridad, Estado de derecho, violencia y corrupción. A lo que se suma un magro crecimiento económico y una reforma fiscal, que ha golpeado a las clases medias y a las populares empeorando las cosas. Conclusión: a López Obrador ya no se le puede vencer sólo con una campaña negativa.

Me detengo y abundo en este último punto. Emmanuel Macron definió a los seguidores de Le Pen como los portadores de una cólera justificada. Su campaña se articuló, por lo mismo, como un programa de cambio para corregir lo que está mal y conquistar el futuro. Hillary Clinton, en cambio, jamás logró proyectar esa imagen, de manera tal que toda su campaña se concentró en señalar el gravísimo peligro que representaba Trump –lo que era y es cierto–, pero fue insuficiente para ganar la presidencia.

La lección para México es clara. López Obrador se ha convertido en el instrumento para descargar la cólera justificada. Su denuncia de la corrupción empata con la rabia de millones de ciudadanos. Por lo tanto, el candidato que le dispute la presidencia deberá cumplir dos requisitos indispensables: primero, presentar un proyecto inteligente y consistente de cambio que se proponga corregir todo lo que está mal y genere entusiasmo; segundo, personificar esa voluntad de cambio de manera creíble y atractiva para los electores. O, citando a Chateaubriand, como hizo Laurent Fabius, en la investidura de Macron: para ser el hombre de su país, se debe ser el hombre de su tiempo.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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