Opinión

Cuarto año

1
   

    

Enrique Peña Nieto

Pues iniciamos el cuarto año del presidente Peña Nieto. Y lo iniciamos con una evaluación negativa de la gestión, según las encuestas. Más o menos 60 por ciento no está contento con su gestión, y la mitad de ellos están muy descontentos. Sin embargo, todo indica que el punto más bajo de calificación ocurrió hacia mediados del año, y desde entonces ha mejorado la percepción sobre su gobierno.

Para poner en contexto, es importante recordar que Peña Nieto inicia su gobierno con cerca de 60 por ciento a su favor y 40 por ciento en su contra, y es en 2013 cuando su popularidad se derrumba. Lo digo porque ahora se está interpretando el pasado de forma extraña. Muchos afirman que los primeros dos años de Peña Nieto fueron buenos, porque hizo las reformas, y que todo se complicó con Iguala, la 'casa blanca' y la fuga del Chapo. Bueno, las encuestas no dicen eso. La popularidad desaparece en 2013: en la encuestas de Consulta, Buendía&Laredo, GEA-ISA y Parametría, el margen a favor de cerca de 20 puntos se convierte en un margen en contra de un par de puntos. Ahí se mantiene buena parte de 2014, hasta que Iguala y la 'casa blanca' derrumban su apoyo (sin incrementar el porcentaje de descontentos) para llegar, en agosto pasado, a una mayoría en contra. En la medición de Consulta, por 25 puntos; en Buendía&Laredo de 22, Parametría de 21 y GEA-ISA de 18. En las mediciones de noviembre, hay una mejoría de tres puntos en Parametría y de 13 puntos en Buendía&laredo.

Ahora bien, en 2013 la economía pasó de un crecimiento de 4.0 a 1.4 por ciento, y si comparamos el momento de la elección presidencial la economía crecía 4.5 por ciento y un año después a duras penas superó el cero. Dicho de otro modo, el primer año de Peña Nieto no fue un año de triunfos legislativos, sino uno de caída económica. Y ya para fines de ese año, con apenas un par de reformas avanzadas, y otras a la mitad, ya había perdido el apoyo de la mayoría de la población. El siguiente año fue ligeramente mejor, y frenó la caída en popularidad, y los casos de Iguala y la 'casa blanca' no incrementaron sus negativos, sino que redujeron las opiniones a favor. Desencanto, más que enojo, pensaría yo.

Pero de agosto para acá, decíamos, las cosas empiezan a cambiar. Y no es coincidencia que eso ocurra con el consumo creciendo: comercio al 5.0 por ciento, comunicaciones y transportes al 6.0 por ciento, turismo al 8.0 por ciento. Es decir, las encuestas hacen pensar: 1) que la aprobación presidencial, al menos en estos tres años, depende mayormente de la situación económica, y 2) que hay una mejoría perceptible en este tema en la segunda mitad del año.

Supongamos que efectivamente el comportamiento de la economía se refleja rápidamente en la aprobación presidencial. Entonces, si la economía tiene un buen desempeño en estos tres años, resultará que al final de su sexenio el presidente Peña podría regresar a contar con un saldo positivo en su aprobación. La probabilidad de que la economía vaya bien, por otro lado, no es baja. Ya en este momento el crecimiento parece superar el 3.0 por ciento, y la caída en producción petrolera, que representó una contracción importante este año, se ha detenido, de forma que no sería raro que el crecimiento en 2016 sea de 3.5 por ciento. En un entorno global complicado, ese ritmo es muy atractivo.

Así que, insisto, no sería nada raro que Peña acabara su sexenio en una situación totalmente diferente de la actual, porque más que la corrupción o los derechos humanos, parece que la opinión responde al crecimiento económico. De pensarse.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

También te puede interesar:
Religión climática
Datos laborales
La cabeza del Tucán