NAIM arriesga primera colocación soberana
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NAIM arriesga primera colocación soberana

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NAIM arriesga primera colocación soberana

07/12/2018
Actualización 07/12/2018 - 10:10

BlackRock, el poderoso gestor de inversiones de Larry Fink, es sin lugar dudas un actor influyentísimo entre los bondholders que adquirieron las tres emisiones de bonos del megaproyecto de Texcoco.

Fueron ellos los que inclinaron la balanza a favor del bufete londinense Hogan Lovells para que representara a estos inversionistas del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM).

Sin embargo, hay que decirlo, poca experiencia tiene en eso de lidiar con funcionarios mexicanos. Apenas llegó hace cuatro años tras asociarse con Barrera, Siqueiros, Torres Landa, firma muy reputada aquí.

Federico de Noriega, el socio mexicano al que le encomendaron la tarea de representar a los bonistas, es un excelente comprador de empresas, pero no tiene experiencia en reestructuras. Vea su perfil.

Su falta de pericia llevó a que los tenedores de una de las cuatro emisiones rechazaran el miércoles el plan de recompra que lanzó a principios de semana el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Dicen que hay una mano que está azuzando a fondos como Manulife, Schroeders, Troweprice, Wellington, JPMorgan-Chase, Tiaa Invesments, Nueveen, Pinebridge y WellsFargo, para presionar.

Los adquirentes de los bonos no aceptan la pérdida de los 10 centavos que les propuso el equipo del subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera. Por lo menos reclaman el 100 por ciento del valor de papel.

Y además, un premio adicional para renunciar a los términos del contrato original, esto último fundamental para que se pueda proceder a la cancelación formal del NAIM sin que se activen las demandas.

Lo inaudito es que Hogan Lovells no haya tenido amarrados desde el principio a todos los bondholders, máxime cuando desde hace tres semanas sabían que el nuevo gobierno les iba ofrecer una recompra.

De Noriega aquí y Ron Silverman en Estados Unidos, cometieron un error de primaria al no tener en la buchaca a todos los representantes de las emisiones. Con una en desacuerdo, el esquema no vuela.

Pero tampoco en el nuevo equipo de Hacienda que encabeza Carlos Urzúa ha sabido procesar el diferendo. Los representantes de los tenedores han acudido ahí a pedir mejores condiciones y no hay apertura.

Digamos que la recompra de los mil 800 millones de dólares está en punto muerto. El asunto preocupa muchísimo porque la oferta vence el próximo 2 de enero del 2019 y el tiempo sigue corriendo.

La semana cierra pesimista. Hay incertidumbre en Richard Cooper y Jorge Juantonera, representantes de Cleary Gottlieb, y en Alberto de la Parra, de Jones Day, las contrapartes de Hogan Lovells y bonistas.

Hablamos de los abogados contratados por Hacienda y el Grupo Aeroportuario CDMX, que dirige Gerardo Ferrando y preside el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú.

Y es que de no lograr un acuerdo será la primera gran derrota de los pupilos de López Obrador contra los mercados, sentando un mal precedente para futuras colocaciones.

No vayamos tan lejos: los muchachos de Urzúa y Herrera ya trabajan en su primera emisión de deuda gubernamental. Quieren colocar tres mil millones de dólares en enero.

PARECE QUE EL acuerdo de La Alcachofa, ése que Andrés Manuel López Obrador tuvo de palabra el 8 de noviembre en un restaurante de Polanco con los principales contratistas del NAIM, fue de dientes para afuera. No lo comente mucho, pero las constructoras que participaron se están intercambiando comentarios de la petición que hace unos días les hizo Gerardo Ferrando. Resulta que el nuevo director del Grupo Aeroportuario CDMX los llamó, uno a uno, para pedirles una carta de renuncia voluntaria a continuar con sus respectivos trabajos. Por supuesto que ninguna estuvo dispuesta a entregar un auténtico cheque en blanco. Nada más para recordar a las principales empresas: Carso de Carlos Slim, ICA del financiero David Martínez, Hermes de Carlos Hank González, Prodemex de Olegario Vázquez Aldir, GIA+A de Hipólito Gerard y Coconal de Héctor Ovalle, de las principales mexicanas. La ruta para cerrar el megaproyecto de Texcoco está resultando sumamente complicada para el nuevo gobierno. Primero los tenedores del bono y ahora los constructores, que se supone que eran los más sencillos de persuadir.

EL PRESIDENTE EJECUTIVO de Santander, Marcos Martínez, es quizás el banquero que más entusiasta anda con Andrés Manuel López Obrador. En el brindis de fin de año con la fuente financiera, el también líder de la Asociación de Banqueros de México refrendó varias veces el apoyo de su sector al nuevo gobierno. Y no es para menos. Después de Banco Azteca de Ricardo Salinas y Banorte de Carlos Hank González, Santander es el más cercano al corazón de AMLO. Y todo se lo deben a Miguel Ángel Revilla Roiz, el presidente de la comunidad autónoma de Cantabria. Este político, que López Obrador invitó hace una semana a su rancho y con quien paseó por Palenque un día antes de tomar posesión, fue quien le presentó a Ana Botín. En su primera gira internacional tras ganar las elecciones viajó a España con Marcelo Ebrard y fue Revilla quien le organizó varias reuniones. Una fue con la dueña de Santander, a quien correspondió con una comida en la intimidad de su casa de Tlalpan, en compañía de su esposa Beatriz Gutiérrez Müeller. Ahí quedó sellada la buena relación con Santander.

ESTE DOMINGO A las 10 de la mañana en el Puerto de Dos Bocas, Paraíso, Tabasco, el presidente Andrés Manuel López Obrador colocará la primera piedra del que será uno de sus proyectos insignia: la nueva refinería que costará cerca de nueve mil millones de dólares. Es la presentación del Plan Nacional de Refinación. Lo acompañarán por supuesto la secretaria de Energía, Rocío Nahle, y el director de Pemex, Octavio Romero. Ya están convocando a los principales empresarios del sector. No pierda de vista a Alberto Celestinos, quien se perfila a dirigir el proyecto.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.