Opinión

¿Cuántos copilotos
como Lubitz hay?

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Andreas Lubitz

El presidente de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, Juan Luis Vázquez Hernández, declaró hace pocos días en Villahermosa que únicamente 2.0 por ciento de la población que padece alguna enfermedad mental tiene acceso a servicios de salud dedicados. Reveló un dato dramático: “cada año se suicida un millón de personas en el mundo”.

Uno de los suicidados de este año es Andreas Lubitz, el copiloto de Germanwings (subsidiaria de Lufthansa) que junto con él terminó la vida de 149 personas más, aparentemente por estar enfermo de alguna enfermedad mental. Ayer se supo, por ejemplo, que Lubitz había recibido tratamiento por manifestar tendencias suicidas en el pasado, antes de obtener su licencia como piloto. Si bien las autoridades europeas no han sido concluyentes respecto del padecimiento específico que pudo tener Lubitz como de sus motivaciones para estrellar el vuelo que copiloteaba, el sentido común nos dice que pudo haber una fuerte influencia de sus padecimientos mentales como disparadores del suceso.

La pregunta relevante entonces cambia, y se vuelve ¿en qué nivel de riesgo se encuentran las personas porque individuos en misiones críticas pueden tener impulsos suicido-homicidas? Asimismo, se vuelve relevante saber: ¿cuál es el grado de aceptabilidad que tiene el sistema económico empresarial actual respecto de las enfermedades mentales de sus empleados, ejecutivos y personal en general?

El Inegi reportó en septiembre pasado datos para México y dijo que “en 2012 se registraron cinco mil 549 suicidios, de los cuales 80.6 por ciento fueron consumados por hombres y 19.4 por ciento por mujeres”. Asimismo, reveló que “el principal lugar donde ocurren los decesos, tanto en hombres como en mujeres, es dentro de la vivienda particular (72.6 y 79.9 por ciento, respectivamente).” Muchos especialistas han enfatizado que en nuestro país la enfermedad de depresión está subdiagnosticada, y todos sabemos que no es común que una persona con ese tipo de padecimientos sienta confianza para revelarlo en el trabajo.

En las empresas y organizaciones no existen sistemas de soporte que valoren, respeten y auxilien al trabajador deprimido. Si alguien lo está, sentirá vergüenza de su condición frente a sus colegas, lo que agrava su situación con el paso del tiempo.

¿Vamos a esperar a que un operario del Metro, deprimido, cometa un acto como el de Lubitz, o a que un chofer de autobús escolar vuelque la unidad, desesperado por su depresión? No deberíamos. Las organizaciones del mundo capitalista, y particularmente sus áreas de recursos humanos, deben incluir pronto la salud mental en sus políticas internas. Si no lo hacen cada día seremos más vulnerables. Como lo fueron los pasajeros del vuelo 4U9525.

Twitter: @SOYCarlosMota

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