Opinión

¿Cuánto vale el silencio de López Obrador?

   
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AMLO. (ilustración)

Uno de los insultos favoritos de López Obrador en contra de “la mafia en el poder”, que son todos lo políticos –incluido los miembros del EZLN– menos los que están en su campaña, es el de “traficantes de influencias”. Con esta sencilla descripción, el símil de Trump en México pretende hacer creer a la población que todos los que no están de acuerdo con él se mueven, por cualquier nivel de gobierno y de los poderes constituidos, para hacer negocios y solicitar favores.

Cierto que es difícil en política 'meter las manos al fuego' por alguien. Pero se supone que los cercanos guardan cierta semejanza con el líder. Por supuesto no siempre es igual y no siempre es culpa del dirigente.

Sin embargo, uno supone que alguien como Andrés Manuel, que encabeza una cruzada moral y que amenaza con expulsar del templo a todo tipo de fariseos, debe ser más exigente de lo normal con quienes forman parte de su círculo inmediato. Pero no es así. López Obrador con tal de que lo apoyen perdona a quien sea, dice que basta con cambiarse del lado bueno –que es el suyo– para cambiar de manera de ser. ¿Cuándo han oído hablar al tabasqueño sobre exámenes de confianza, procesos transparetes o alguna medida técnica –más allá de su aventurada conjetura puesta en spot de que sacar petróleo del mar no tienen ninguna ciencia?–. Nunca. Quizá por eso su director de finanzas mientras gobernó la Ciudad de México terminó preso, lo mismo que quien fuera su secretario particular.

Ahora sale a la luz otro caso: su vocero, compañero de mil batallas, César Yáñez, ha sido sorprendido, grabado y evidenciado traficando influencias por medio del nefasto senador Manuel Bartlett. El caso, como ya es conocido, es que la novia de Yáñez está presa por algún manejo fraudulento de dinero. El monto, según dicen los medios, supera los cinco millones de dólares. Una cantidad nada despreciable. El vocero de AMLO fue grabado cuando pedía que liberaran a su pareja. En esos enjuagues de las llamadas telefónicas para negociar, el que suponemos su abogado le ofrece que por la vía de Bartlett Díaz se negociara que AMLO dejara de golpear a Moreno Valle –gobernador de Puebla que recientemente ha hecho su destape 1724–. Todo parece indicar que la negociación no fructificó. Ignoramos el porqué, pero el hecho es que el tráfico de influencias se dio. Yáñez dijo que no puede ser tráfico de influencias porque no se llevó a cabo. El tipo cree que disparar un arma de fuego contra una persona sólo es delito si le atinas al sujeto.

López Obrador se ha escondido y no ha querido decir nada. En su lugar la secretaria general de Morena que se hace llamar –literal porque ese no es su nombre– Yeidckol Polevnsky dijo que lo del vocero era “una cosa personal” que nada tenía que ver con AMLO. ¿Nada tiene qué ver Yáñez con López Obrador? Lleva más tiempo con él que la señora Polevnsky y quizá sea su colaborador más antiguo, el único que haya sobrevivido a todos los cambios.

El asunto es claro: alrededor de López Obrador hay tráfico de influencias. El tema es saber en cuánto cotizaron el silencio de Andrés Manuel. ¿En cinco millones de dólares o en menos?

Twitter: @JuanIZavala

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