Opinión

¿Cuándo veremos
a un político
importante en la cárcel?

La evolución de las redes sociales ha tenido un claro impacto en la forma en la cual nos comunicamos y convivimos. Para gente de mi edad, resulta incomprensible cuánto de la convivencia social de los jóvenes es en torno a éstas. Por otro lado, justo cuando muchos contemporáneos a mí han acogido Facebook o Twitter, los jóvenes migran a otras como Instagram o Snapchat, ¿Quizá porque no quieren estar siquiera en el mismo espacio virtual que los adultos?

Es un hecho, sin embargo, que las redes sociales son una ventana que nos permite asomarnos a cómo piensan y en qué se fijan grupos con los que físicamente jamás conviviríamos, ya sea por razones geográficas, sociales, ideológicas o de edad. Para mí ha sido extraordinariamente revelador y sorprendente notar, entre muchas otras tendencias relevantes, la creciente falta de respeto de la gente en México, y particularmente de los jóvenes, a la autoridad, a la jerarquía y a las instituciones.

En general, hay una reacción bipolar de los mexicanos hacia México. Por una parte, impera un sentido patriotero –casi chauvinista– que venera a un país que existe en algún sitio entre el folleto turístico y la caricatura; por otro, hay un profundo escepticismo sobre México en lo económico y político. Los mismos que defienden a la “democracia” venezolana reprueban a la mexicana.

Quienes defienden la legitimidad de Maduro como gobernante cuestionan la de Enrique Peña Nieto a pesar de que ganó la elección por más de tres millones de votos. En general, todo lo que huela a gobierno o a PRI acarrea incredulidad. Lo mismo pasa con las empresas mexicanas, sin importar cuán exitosas, innovadoras o filantrópicas sean.

Esa actitud limita el alcance de reformas estructurales imprescindibles que podrían generar enormes beneficios. Este no es un problema menor.

Una columna reciente de David Brooks en el New York Times (A long obedience, abril 14) hace alusión, dadas las fechas, a la celebración judía de Pesaj que conmemora la salida del pueblo judío de Egipto, y subraya que en la historia del Éxodo la importancia de Moisés no proviene de que liberó de la esclavitud y opresión a su pueblo, sino de que logró imponer reglas para congregarlos.

Es de tal envergadura ese logro, que Benjamín Franklin, Thomas Jefferson y John Adams querían que el Gran Sello de los nacientes Estados Unidos tuviera a Moisés como personaje central. Como dice Brooks: “liberar es la parte fácil, reunir a partir de un orden justo a quienes aceptan obligaciones es la parte difícil”.

Es evidente que este gobierno tiene un problema de percepción, y hace poco para resolverlo. Se hizo una reforma fiscal para incrementar la recaudación, pero no se hace el mínimo esfuerzo por cuidar el gasto. Las recientes cifras del Inegi sobre el grotesco desperdicio en el descomunal presupuesto de educación es un ejemplo de cientos de partidas presupuestales que sólo generan beneficio para un pequeño grupo con privilegios que confirman lo que popularmente se dice: “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.

En China, uno de los países más corruptos del mundo, el incipiente gobierno de Xi Jinping se ha dado cuenta de que mientras que no detenga el despilfarro y caigan cabezas de poderosos líderes evidentemente corruptos, las profundas reformas económicas que propone carecerán de credibilidad y apoyo popular.

Por ello, el año pasado se despidió a 27 mil “aviadores”, se detuvo la construcción de 37 edificios gubernamentales, vaciaron casi mil 700 oficinas de funcionarios públicos y del partido, quitaron todo privilegio a automóviles oficiales, pusieron límites austeros a gastos de representación, y hasta cambiaron los lineamientos de los antes fastuosos funerales de líderes regionales del partido.

Se inició la cruzada contra la corrupción con la investigación a 18 funcionarios públicos con nivel de ministro que han acumulado riqueza y propiedades que no van en proporción a los ingresos públicos que han percibido, y se realizan 129 mil investigaciones a funcionarios menores. Metieron a la cárcel a dos de los más poderosos políticos en China, el primero fue jefe de seguridad nacional, presidió la compañía petrolera estatal y era miembro del comité central del “politburó”.

Se le incautaron 15 mil millones de dólares de activos. El segundo, era un poderoso general, conocido por su extravagante estilo de vida.
¿Cuántos políticos mexicanos no podrían justificar la relación entre cómo viven y cuánto ganan? ¿Qué está haciendo este gobierno para demostrar que tiene respeto por los recursos que recauda del pueblo? Sabemos que hay políticos y empresarios que han sido socios del narcotráfico, ¿Cuál está en la cárcel?

Las reformas estructurales son importantes, pero la credibilidad se gana limpiando la casa y construyendo instituciones –ministerios públicos, cortes, policías– dignas de respeto.

Twitter: @jorgesuarezv