Opinión

Cuando Pronasol, Progresa, Oportunidades, Prospera, (¿Y los pobres?) de México

Han pasado 25 años desde el inicio de Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), al que Carlos Salinas de Gortari hizo emblema de su gobierno en materia social.

Entonces había, según se afirmaba en los documentos que sustentaban la hechura de Pronasol, 40 millones de pobres en México.

En esas dos décadas y media, Pronasol se convirtió en Progresa y luego en Oportunidades. Ayer el presidente Enrique Peña Nieto anunció la transformación de este último en Prospera.

El caso es que de acuerdo con el estudio de Medición de la Pobreza 2010-2012 del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval) al concluir 2012 había 53 millones de pobres.

Ha habido cambios en los criterios de medición de la pobreza y la población ha crecido, es cierto, pero al margen de las cuentas que tendríamos qué hacer para identificar la incidencia de estos factores en las cifras, en términos generales el porcentaje de la población en situación de pobreza se ha mantenido.

Podría argumentarse, para negar el fracaso de los programas gubernamentales, que la pobreza se habría incrementado si tales programas no hubieran existido. Tal vez, pero ninguno de los programas sucesivos se anunció como instrumento de política social para mantener los niveles de pobreza sino para reducirla. Y no lo han logrado.

No lo han hecho porque los programas sociales, en menor o mayor medida, están diseñados para dar, así todos estamos contentos, el gobierno, los contribuyentes y, supongo, los beneficiarios.

Pero dar solamente no es una solución generalizada, sino una forma de contribuir a perpetuar la pobreza.

Tan es así, que ahora el gobierno de Peña Nieto anuncia que Prospera irá más allá porque a pesar de que este año se invertirán 73 mil millones de pesos en Oportunidades, la proporción de mexicanos en pobreza es prácticamente la misma que hace tres décadas.

Progresa se ampliará a becas para estudios técnicos y universitarios y ofrecerá acceso a educación financiera, ahorro, seguros y crédito y acceso prioritario a 15 programas productivos.

El enfoque parece adecuado, pues hay que pasar de dar a impulsar.
Pero el impulso tiene que ir acompañado de un entorno con espacios de desarrollo, es decir, la economía debe crecer. Cuando el Coneval dio a conocer con Unicef su más reciente estudio sobre esta materia, Pobreza y derechos sociales de niñas, niños y adolescentes en México 2010-2012, sostuvo que entre las causas de la pobreza existe una toral: la falta de empleos dignos para los jefes de familia y el estancamiento de la economía.

En eso estamos, creo. Pero no basta la voluntad sino el acierto: si la política fiscal sigue exprimiendo a la misma base tributaria; si el gobierno quiere más recursos para dar, en lugar de alentar la creación de empleos y el crecimiento de las empresas de todos tamaños; si la corrupción continúa llevándose 10 puntos porcentuales del PIB; si se sigue consumiendo el erario en moches y tajadas, difícilmente vamos a lograr acercarnos al crecimiento necesario.

Cuidado: de acuerdo con Coneval y Unicef, 21 millones de personas de entre cero y 17 años, es decir, más de la mitad de los niñas, niños y adolescentes de México, vive en pobreza.