Opinión

Cuando los medios
son noticia

    
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Facebook está haciendo enojar a los medios. (Especial)

En muchas ocasiones los medios de información pasan a ser noticia. Hay periodistas que se sienten noticia. Es parte de nuestro mundo y del rol protagónico que juegan los medios en nuestra vida cotidiana. Hubo una época en que los periodistas consideraban que lo importante eran las noticias, los sucesos y no los que ellos opinaran o no al respecto, una época en que eran más importantes las respuestas del entrevistado que las preguntas del entrevistador. Sin duda, eso ha cambiado.

En Estados Unidos, por ejemplo, el enfrentamiento directo, majadero y agresivo del presidente de ese país con una serie de medios adversos a su manera de pensar, es alarmante. Trump está haciendo escuela, un grupo de políticos piensa que ese tipo de enfrentamiento les ayudará. Por supuesto se trata de imitaciones burdas –y hay que ver que Trump es burdo–, como es el caso del Bronco, gobernador de Nuevo León. Este político la emprendió contra Alejandro Junco, dueño de El Norte, periódico que lo apoyó en su campaña. Nada de malo hay en que los medios apoyen a determinados candidatos, están en su derecho y me parece que tiene lógica política y hasta mediática. No lo es, sin embargo, que no lo hagan del conocimiento de sus lectores, radioescuchas y usuarios.

La embestida del gobernador contra el empresario Junco es un asunto delicado. Manifiesta prepotencia y megalomanía, aparte de una conducta ciertamente primitiva por parte del gobernador. He visto a Alejandro Junco un par de veces en mi vida. No he platicado nunca con él. Me parece un tipo bastante sangrón, un hombre acomplejado, un individuo básicamente hipócrita y pagado de sí mismo. Claro que es absolutamente irrelevante lo que a mí me parezca ese señor. Ha hecho de sus periódicos empresas informativas de alta calidad, exitosas, con sentido periodístico y comercial. Nos guste o no el periodismo de Reforma, por ejemplo, ha sido un modelo en un país en el que abundaban en los medios la corrupción y el oficialismo –de hecho, persisten–. Son medios, los de Reforma y El Norte, que pueden vivir sin la publicidad de gobiernos –muy pocos pueden decir eso–; se han destacado por tener en sus páginas editoriales gente de peso en el pensamiento, sin importar posturas ideológicas. Decir, como lo hizo El Bronco, que la fortuna del dueño es de origen dudoso es, cuando menos, una irresponsabilidad, sino es que una calumnia. Un hombre de poder, como lo es un gobernante, no puede opinar lo que quiera, está obligado a cierta mesura porque representa a todos. Si así la emprende contra el dueño de un poderoso medio no hay garantía para el ciudadano común y corriente. Si el gobernador se siente muy gracioso diciendo estupideces sobre los que cuestionan su ejercicio de gobierno, lo que sigue es hacer un uso faccioso de la justicia. Es de interés público que el gobernador se disculpe por sus exabruptos.

El otro caso es la huelga de La Jornada. Hay poca información (que Enrique Galván cobra 140 mil pesos al mes por su patética columna económica, por ejemplo), o que al caricaturista Antonio Helguera le merecen los sindicalizados todo el desprecio para informarles en un tuit que “se chingan”. Un pleito en el que seguramente todos abusan –el sindicato con sus demandas fuera de criterio, pagos absurdos a consentidos de la dirección, una directora que es émula de Elba Esther e impide la oxigenación del diario– y lo de siempre con esos medios: deudas enormes. ¿Cuánto debe al IMSS, a Hacienda? Es de interés público saberlo. Como vemos, los medios también son noticia.

Twitter: @JuanIZavala

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