Opinión

Cuando la forma es fondo

El presidente Enrique Peña Nieto dio un Informe a la nación flanqueado por los presidentes de las cámaras de Diputados y de Senadores, ambos del PRD, luego de haber sacado una reforma energética a corazón abierto que acabó con los monopolios de Pemex y CFE.

Lo que vimos y oímos ayer en Palacio Nacional no tiene otro nombre que política.

Se hizo política en estos 20 meses, lo que derribó mitos intocables del “nacionalismo revolucionario”, y en lugar de tener a la izquierda en las calles lanzando piedras y bombas molotov como en otras ocasiones, la tuvimos a los dos lados del presidente que rendía su Informe.

“Este no es el país de antes”, dijo Peña Nieto a manera de reforzamiento de la clara imagen visual que teníamos los televidentes, y remató con un inatacable “México se transforma en democracia”.

Lo más importante del Informe estuvo sustentado en la política.

Se va a construir un aeropuerto internacional nuevo en la Ciudad de México, con seis pistas, para dar servicio a 120 millones de personas al año, y será de los más modernos del mundo.

Esta vez no se puso a disputar a un par de estados por obtener la sede de la nueva terminal aérea, con el gasto inútil que ello implicaba y el desgaste político para las entidades interesadas. Tampoco se abusó de ejidatarios con un pago irrisorio por metro cuadrado, que hace una década provocó violencia irracional por parte de grupos opositores.

O sea que sí se pueda hacer un aeropuerto nuevo, pero no cualquiera lo hace. En la forma está la diferencia. Se necesita capacidad política para armonizar intereses y no dejar a nadie afuera del reparto de beneficios.

Se va a ampliar el Metro en un 20 por ciento, para dar conexión a las áreas conurbadas del Estado de México con el Distrito Federal.

Lo anterior no hubiera sido posible sin una buena relación política entre el Ejecutivo federal y el jefe de gobierno capitalino.

¿Para qué pelearse con el gobernante de la capital, cuando se puede tener una buena relación en beneficio de los ciudadanos?

Aquí hay que anotar la buena disposición que ha tenido Miguel Ángel Mancera para llegar a acuerdos y convivir civilizadamente con el poder federal, lo que lo ratifica como un hombre de estado, sin necesidad de recurrir a estrategias destructivas para construirse una personalidad propia.

Lo que se anunció en política social, que cambia de Oportunidades a Prospera, no es solamente un asunto semántico.

Llevamos un par de décadas en que la política social recibe miles de millones de pesos cada año, y los porcentajes de población que vive en la pobreza sigue exactamente igual.

Se necesitaba sensibilidad política para entender que no es posible seguir haciendo exactamente lo mismo que administraciones anteriores si se pretenden resultados positivos.

La política social, como se ha seguido hasta estos días, no genera desarrollo. Ahora se va a intentar que esos recursos multimillonarios detonen un cambio en las condiciones de vida –con estudios superiores para los beneficiarios jóvenes–, y no sólo que mantengan a buena parte de la población en condiciones de supervivencia.

En economía, el presidente admitió que los contribuyentes han hecho un esfuerzo adicional, que esperemos redunde en crecimiento y en empleo. Ambas cosas vislumbra el Informe. Ojalá tenga razón.