Opinión

¿Cuál podría ser el futuro del peso?

 
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dolar peso (Bloomberg)

De la correspondencia recibida a partir de esta colaboración, la pregunta más frecuente que se percibe entre el público es, sin lugar a dudas, sobre el valor futuro del peso mexicano, y sobre las causas que generan la volatilidad y devaluación constantes.

Millones de agentes económicos en nuestro país, muchos de ellos dueños de modestos negocios, enfrentan día a día la incertidumbre sobre el futuro valor del peso frente a las otras divisas, principalmente el dólar y el euro. ¿Hasta dónde puede llegar el tipo de cambio?, ¿cómo puedo decidir en mi negocio cuándo comprar los dólares para que no me pegue en mis costos?, ¿existe alguna forma de protegerme contra esta volatilidad?

La devaluación que hemos estado observando desde los 13 pesos por dólar hasta los 19 pesos, que ya hemos visto desde hace tres años a la fecha, es un fenómeno totalmente distinto a las devaluaciones tradicionales que sufrió el peso durante la década de los años setentas u ochentas.

Cuando ocurrían fugas masivas de capitales, ante la desconfianza en los gobiernos comunistoides; cuando México era un país sobreendeudado en una moneda distinta a la nuestra (en dólares), y cuando nuestra maquinaria económica no generaba los dólares suficientes para pagar siquiera los intereses de esta deuda externa, y se vivía en un constante círculo vicioso, en el que bajo la pesada deuda externa se pretendía mantener la paridad artificialmente por algún tiempo, hasta que la insuficiencia de dólares y la fuga de capitales generaba una drástica disminución de las reservas internacionales y se tenía que sufrir fatalmente una macrodevaluación, que nos llevaba a una hiperinflación galopante, con el disparo de las tasas de interés que a su vez generaba un mayor déficit fiscal, y todo esto nos llevaba fatalmente a continuas fases de estanflación –devaluación, pérdida drástica de la capacidad adquisitiva de los salarios y disminución del nivel de vida de toda la sociedad.

Afortunadamente ya tenemos muchos años que adoptamos un sistema cambiario de libre flotación, con absoluta libertad en el movimiento de capitales.

Antes de explicar la situación actual, quisiera recordar que hace algún tiempo, en los años posteriores a la crisis hipotecaria americana,
2009-2013, la tendencia del dólar era de constante debilidad. Los residentes americanos en México no querían saber nada del dólar. El tipo de cambio llegó a cotizar en mayo de 2013 por debajo de 12 pesos por dólar. Pero esa fortaleza del peso no era un fenómeno particular. El dólar bajaba contra todas las monedas, los precios de las materias primas tendían a subir en forma exagerada.

Lo que hemos estado viendo en estos últimos tres años es el fenómeno inverso. La Reserva Federal terminó de crear dólares en octubre del 2014, y el tamaño de su balance se ha mantenido intacto. Es decir, el Banco Central de Estados Unidos no ha salido a retirar dólares de la circulación, y sólo ha aumentado en una sola ocasión su tasa de referencia.

Pero ahora tenemos a varios bancos centrales creando dinero exageradamente.

El Banco del euro, el Banco de Japón, el Banco inglés y algunos otros están creando euros, yenes, libras y otras monedas, como nunca antes lo habían hecho. El efecto es otra vez un exceso de liquidez global y una grave distorsión de los precios de todos los mercados y de todas las monedas.

El impacto más evidente de la creación de liquidez proveniente de fuentes distintas al dólar es un fortalecimiento del dólar. Aunque existen algunas extrañas excepciones como el yen y el real brasileño que se están apreciando por circunstancias particulares. Cuando los bancos terminen de crear dinero, el dólar se puede devaluar significativamente.

Pero esto se ve hoy muy lejano.

En el caso específico del peso mexicano, tenemos presente ahora otro factor: el político. Las elecciones en Estados Unidos presentan campañas de ambos partidos centradas en el proteccionismo y la antiinmigración. Lo que afecta directamente a México por su intensa interrelación de negocios con Estados Unidos.

A lo anterior hay que agregar el hecho de que el peso mexicano es la moneda emergente más líquida, lo que hace que los grandes portafolios-managers globales salgan constantemente a vender en corto al peso para cubrir bajas futuras de otras monedas que tienen en sus portafolios.

Tenemos un panorama inédito para que el peso tienda a devaluarse constantemente, sin que tengamos alguna causa atribuible a nosotros.

El Banco de México tiene como principal arma defensiva las tasas de interés. Mi impresión es que vamos a seguir viendo constantes presiones sobre el peso en los próximos meses. Las tasas de interés van a tener que seguir subiendo para frenar un poco esta tendencia. También es factible que una política fiscal responsable que aliente la inversión, el empleo y la productividad puede revertir las presiones exógenas sobre el peso.

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