Opinión

¿Cuál es la prioridad del presidente en agosto de 2015?

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Peña Nieto

Conforme se acerca el día del informe presidencial crece la inquietud para que el presidente Peña Nieto clarifique cuál es su prioridad a la mitad del sexenio. La forma en la que le recordaremos depende en buena medida de lo que ocurra justamente estos meses. Este período constituye el punto focal y central de su gestión.

Mucha gente recuerda a Vicente Fox por las enmiendas que su vocero Rubén Aguilar hacía con regularidad. A Felipe Calderón muchos lo tienen ubicado en medio de una guerra sangrienta y de las muertes de sus secretarios de Gobernación. Los recuerdos colectivos suelen ser crueles. ¿Cómo recordaremos los ciudadanos a Enrique Peña? Estos son los meses críticos, y la ventana de las conclusiones históricas inicia su lento cierre.

¿Recordará la ciudadanía a Peña como el presidente reformador, aquél que cambió la competencia en telecomunicaciones, el sistema educativo, las industrias bancaria y energética? ¿Se le recordará por haber empezado a contrapelo de los precios del petróleo el regreso de México a los mecanismos del mercado energético global? ¿O se minimizará su gestión para decir en una frase que fue ‘el presidente al que se le fugó El Chapo’? ¿Será acaso el presidente que terminó con la corrupción, o el que la vio pasar en silencio?

Es una pena que la ciudadanía encapsula en una o dos ideas la gestión de todo un gobierno. Pero así es. Este podría ser el sexenio de las grandes inversiones automotrices; el de la reinserción de México al protagonismo internacional; el del regreso vigoroso de la transparencia con la nueva ley; o el de la inflación controlada. Pero todo eso, positivo y real, difícilmente trascenderá en el imaginario colectivo.

¿Cuál es, entonces, la prioridad del presidente? ¿Reencarcelar al Chapo? ¿Detonar un crecimiento en el período 2016-2018 que le permita promediar 3.5 por ciento en todo su sexenio? ¿Completar con éxito la Ronda Uno? ¿Evitar un levantamiento en el sureste del país? ¿Seleccionar meticulosamente un sucesor que le garantice continuidad en las reformas?

Una cosa es cierta: los grados de libertad con los que el presidente puede actuar para modelar el pensamiento colectivo respecto de su recuerdo inician su proceso de reducción.

Yo aspiraría a que Peña sea recordado como el presidente de las instituciones. Pero para eso tendría que relanzar su gestión, hacerse ver cercano a la ciudadanía, pero firme de principios y convicciones, marcando distancia con ideas y personajes antagónicos. Si no lo hace así, se abre la puerta para que los personajes populistas con ideas taquilleras se cuelen en el ánimo velozmente, y eso es lo último que necesitamos.

Quedar bien con todos ha dejado de ser una buena idea para gobernar.

Twitter: @SOYCarlosMota

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