Opinión

¿Cuál es la diferencia entre bienestar y satisfacción?

 
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Pantalla Mundial Zócalo RAFAEL MONTES

Crisis van, ajustes vienen y definitivamente hay un daño sobre el nivel de vida.

Existe un problema de desempleo sin remontar y la pobreza es tal, que la mayoría no alcanza a cubrir con su ingreso las necesidades básicas como son la alimentación, el transporte, la vivienda o la salud, mucho menos para ahorrar.

Sin embargo, los mexicanos estamos satisfechos.

Cuando menos, eso es lo que arrojó el estudio realizado por el INEGI llamado Bienestar Autorreportado (BIARE), el cual mide la percepción de satisfacción, el estado anímico y el sentido de la vida.

En una escala de 0 a 10 se situó en enero de 2015 en 8.2 en promedio, por parte de la población adulta urbana. Los niveles altos los alcanzó el grupo poblacional de entre 18 y 29 años de edad (8.4) y los bajos fue para quienes tienen entre 60 y 74 años (7.8). ¿Cuál sería tu puntuación?

Para darnos una idea de los registros extremos, 1.6 por ciento de la población adulta tuvo promedios de satisfacción con su vida inferiores o iguales a 4; 8.5 por ciento entre 5 y 6; 48.4 por ciento entre 7 y 8; y 45.5 por ciento 9 o más.

Desde una óptica económica, se habla de bienestar para trascender el concepto del crecimiento y se mide con indicadores de carácter social, como serían los relacionados con educación, salud, comunicaciones, etcétera. En un sentido personal, el bienestar lo podemos cuantificar con infraestructura, como el tener casa, auto o capacidad de consumo de víveres, educación u hospitales.

Pero, cuando nos preguntan qué tan satisfechos estamos con nuestra situación económica se convierte en una percepción subjetiva, influida no sólo por las posesiones o ingresos, sino también por las expectativas y se mezclan actitudes como la espiritualidad o el optimismo, del cual existe la hipótesis de que hay cierta predisposición genética.

Por eso, en México tenemos por una parte la elevación de la pobreza y, por la otra, un registro muy alto de satisfacción percibida. Esto nos conduce a una reflexión importante en términos de la administración personal.

La “infraestructura” financiera que tengamos no determina en su totalidad la satisfacción. Esta aseveración lleva a ricos frustrados y pobres contentos.

Uno bien puede desear mayor riqueza, pero disfrutar lo que se tiene desde las cuatro perspectivas generales: económica, física, emocional y espiritual.

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