Opinión

¿Cuál es el riesgo de simplificar en nuestras finanzas?

 
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Dicen que en alguna ocasión le preguntaron a Albert Einstein si podía explicar la teoría de la relatividad en forma simple y en pocas palabras, a lo cual él contesto contundente: “no”. En ese mismo contexto debemos reconocer las decisiones que requieren un entendimiento profundo para evitar fracasar.

En las finanzas personales hay infinidad de resoluciones de sentido común; sin embargo, hay otras que necesitan mayor concentración, acervo informativo y conocimiento; por desgracia, hay quien las simplifica en exceso. Reflexionemos sobre algunas de ellas.

1.- Trabajo. Al estar buscando donde laborar puede generarse cierta desesperación y tomar alternativas perjudiciales en el largo plazo, ya sea porque se alejan del objetivo vocacional o están limitadas en la generación de ingresos.

2.- Inversiones. Aun cuando se quiere que el ahorro dé el mayor rendimiento posible, es frecuente depositarlo en la institución más cercana o caer en el influjo de un “asesor” persistente. El adecuado es hacer una búsqueda de las mejores opciones, dependiendo de características básicas como el monto, la liquidez deseada y qué tan adverso es el riesgo.

3.- Estudios. Pocos hacen una valoración de factores tales como la empleabilidad o el ingreso esperado de un determinado programa académico. Si bien esto puede justificarse por la juventud, cuando se trata de maestrías, diplomados o cursos de actualización resulta conveniente sopesar este tipo de elementos.

4.- Gastos. Las tarjetas de crédito y débito, además de los esquemas de meses sin intereses, dan una sensación de “facilidad” para hacer compras y se deja de ponderar las consecuencias de las mismas. Trabajar con base en presupuestos es un excelente antídoto al consumismo.

5.- Autos. De la vista nace el amor, pero no el dinero.

Aun teniendo un presupuesto para la adquisición de un vehículo existe el riesgo de sobrepasarlo por el “gusto” del mismo, lo cual sería válido si se cuenta con la solvencia para ello.

6.- Viajes, tiempos compartidos, clubs, etcétera. Los vendedores se aprovechan de los deseos de diversión y placer de sus clientes y con una frase de “usted lo vale” convencen muchas veces de erogaciones que sobrepasan la capacidad de las personas. Una buena manera de sopesarlo es consultarlo con la almohada y dejar de apresurarse para cometer una equivocación.

Una simple respuesta ayuda a evitar un error: “déjeme pensarlo”.

Twitter: @finanzasparami

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