Opinión

¿Cuál es el capital de mayor trascendencia para la familia?

Con el título de esta columna es fácil caer en la tentación de pensar en dinero, pero el capital más importante de una familia son los miembros de ella. Este es un principio básico en las empresas familiares, y aplicable a las decisiones cotidianas de cualquier clan.

Hace unos días, un alto ejecutivo me compartía su resolución de dejar un puesto para estar cerca de sus hijos; decía: “me he perdido dos años de los niños, muchos eventos y me reclaman”. A veces se nos olvida que en el terreno personal, el dinero es un medio y no un fin en sí mismo.

Esto refuerza la idea de que al hablar del ahorro debemos trascender el “cuánto” y en “dónde”, para iniciar respondiendo el “por qué”. Es decir, saber cuáles son los objetivos para tener unas finanzas sanas. Así mismo, cuando uno define el “por qué” es mucho más sencillo el decidir la dirección del gasto.

Algunos conceptos de capital familiar serían, por ejemplo:

1.- Educación: y no sólo estoy pensando en la escuela formal de los hijos, sino también en todo aprendizaje que eleve la productividad de los miembros de la familia, con el fin de que crezcan como personas y profesionistas.

2.- Prevención: aquí entran conceptos tales como los seguros, la salud o el manejo de las contingencias. Es decir, tener la solvencia para evitar que un contratiempo desequilibre gravemente la viabilidad futura.

3.- Esparcimiento y convivencia: los que parecen gastos superfluos se convierten en parte de ese capital familiar que hace los momentos memorables y permite la cohesión, la comunicación y le da sentido a la vida misma.

4.- Legado: en este renglón se consideran aspectos tan pragmáticos como la herencia o la sucesión de la empresa familiar, además de reflexionar sobre los principios y valores que se dejan.

Efectivamente, el dinero es relevante, pero también hay intangibles a tomarse en cuenta en el capital familiar y están fundamentados en el ejemplo diario, que permitirá a quienes vienen detrás de nosotros enfrentar sus propios retos.

¿Están nuestros hijos preparados para manejar sus éxitos y fracasos? ¿Qué podemos hacer desde una perspectiva económica y anímica para ayudarlos? Dichas acciones deben estar balanceadas con planeación, comunicación, diálogo y reflexión, lo cual vale la pena abordarlo en una próxima columna.

¿Cómo anda tu capital familiar?