Opinión

Cruzando cifras

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Economía

El lunes hablamos del crecimiento diferenciado por actividades económicas, y ayer martes, por regiones del país. Tratemos ahora de cruzar los dos conjuntos de datos, para ver si eso nos ayuda a entender qué pasa con la economía.

Primero, es muy evidente la conjunción de la industria manufacturera (especialmente de equipo de transporte) y la mesa central y norte del país, y también el impacto del turismo en Baja California Sur, Quintana Roo, Nayarit y Guerrero. Digamos que esas dos zonas tienen ya un motor de actividad sobre el que se pueden montar las demás.

Claramente, hay que esperar a ver el impacto que ha tenido en Guerrero la rebelión de maestros, que puede destruir lo único que da algo de dinámica a la entidad.

Un segundo fenómeno importante es que la migración interna es muy importante: las zonas de alto crecimiento son también grandes receptoras de mano de obra que abandona aquellas que no crecen. Veracruzanos en Chihuahua, oaxaqueños en Baja California, de todas las entidades en Cancún. Esto provoca que aunque la economía crece en esas entidades, la población lo hace más rápido, y el ingreso por persona incluso puede decrecer. Eso no necesariamente es señal de que se estén haciendo mal las cosas, sino de la gran disparidad interna.

Tercero, las actividades que más empleo generan no producen tanto valor agregado: agricultura, comercio, construcción, limpieza, gobierno, educación y transporte. En ellas tenemos proporciones elevadísimas de informalidad, resultado de su bajísima productividad (agricultura, construcción y limpieza, por ejemplo, pero también en transporte). Sin embargo, una de ellas, comercio, ha tenido un comportamiento mucho mejor que el promedio de la economía. La razón, me parece, es la innovación que han traído cadenas como Walmart y Oxxo, que han transformado ese sector. Una desde hace casi dos décadas, la otra más recientemente.

Suponga que transformamos la agricultura nacional acabando con Procampo, forzando con ello a cerca de diez millones de mexicanos a abandonar una actividad que los mantiene en la miseria para probar otras cosas. Cualquier otra cosa les permitirá ganar más del doble de lo que hoy ganan. Imagine que alteramos por completo la construcción estableciendo reglas claras, estándares absolutos y medidas comunes. Nada de construir al gusto de uno, sino hacerlo con dos o tres tipos y tamaños de ventanas o puertas. No me lo va a creer, pero esto puede significar multiplicar la productividad por tres. Esos mismos cambios, en el sector de limpieza, pueden duplicar la productividad. Un poco de educación financiera y legal a quienes participan en esas tres actividades, y habremos transformado la vida de un tercio de los mexicanos e incrementado en al menos un punto porcentual el crecimiento.

En educación y salud, considere usted el esquema de vouchers, que permitan al sector privado cubrir las deficiencias del sector público, pero de forma ordenada y no semiinformal como se hace hoy. Los buenos maestros tendrán más opciones, pero sobre todo las tendrán los alumnos. Y los pacientes.

Si ya logramos acabar con mitos como la reforma agraria y la expropiación petrolera, ¿por qué no nos seguimos y liberamos a campesinos, albañiles, afanadores, maestros y enfermeros, de ambos sexos? Recuerde, ahí está la mitad del PIB y el 80 por ciento del empleo.

Twitter: @macariomx

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