Opinión

Crueldad extrema

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Ajalpan

La aparición del Estado Islámico (EI) integrado por sanguinarios radicales ha causado estupor en el mundo; decapitaciones, ajusticiamientos masivos, violaciones de mujeres, arrasamiento de comunidades, atentados en todo el Medio Oriente, Europa y Estados Unidos; principalmente, derribo de aviones, entre otros múltiples actos de violencia. El hombre desde las etapas mas primitivas de su existencia ha mostrado actitudes de barbarie; en la época moderna la conducta diabólica de las fuerzas del mal ha quedado manifiesta en el Holocausto perpetrado por los esbirros de Hitler. Seis millones de judíos fueron exterminados, entre ellos un millón y medio niños, sólo por el hecho de ser judíos. Muchos millones más fueron víctimas del delirio de superioridad de los nazis.

Los rusos también jugaron un papel activo en el asesinato de poblaciones enteras durante la Segunda Guerra Mundial; destaca la ejecución de 14 mil 500 oficiales del Ejército, policías, intelectuales y otros civiles polacos llevado a cabo por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD), la policía secreta soviética, dirigida por el tristemente célebre Laurenti Beria; entre abril y mayo de 1940 en los bosques de Katyn, actualmente territorio de Rusia, tras la invasión de Polonia por parte de los soviéticos; 14 mil 500 ejecutados se suman de siete mil 200 asesinados en las ciudades de Kalinin, Jarkov y otros lugares próximos. Los ejecutados fueron acusados de espías y saboteadores.

Los rusos culparon falsamente al Ejército alemán de la masacre de Katyn. Para este propósito fueron utilizadas pistolas walther PPK y municiones de fabricación alemana suministradas por Moscú. El procedimiento para las ejecuciones, que recientemente vi en una película alusiva a este desgarrador evento (los polacos con las manos atadas eran asesinados con un tiro en la nuca) se realizaba durante la noche. Diariamente se ejecutaban alrededor de 250 personas.

En el contexto de masacres también destaca la de Nankin, China, durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa, que hace referencia a los crímenes cometidos por el Ejército Imperial Japonés alrededor de Nankin, tras la caída de la capital de la República China frente a las tropas japonesas el 13 de diciembre de 1937; la masacre se prolongó por seis semanas, que de acuerdo al gobierno chino sumó 300 mil muertos con armas de fuego, katanas y bayonetas.

Previo a este deleznable hecho, los comandantes del Ejército Nacionalista chino habían huido de la ciudad antes de la entrada del Ejército japonés a Nankin, dejando atrapados a miles de soldados chinos; muchos de ellos se quitaron sus uniformes y escaparon a la llamada Zona de Seguridad preparada por los residentes extranjeros en Nankin. Los crímenes de guerra durante este episodio incluyen el pillaje, la violación y la matanza de civiles y prisioneros de guerra, un verdadero “festín de sangre” que fue tema de la película escrita y dirigida por el alemán ganador del Oscar Florian Gallenberg, que cuenta la historia de John Rabe, un empresario alemán que salvó más de 200 mil chinos utilizando sus contactos en el partido nazi durante la Masacre de Nankin. La película esta basada en los propios diarios de Rabe; el rodaje empezó en 2007 y fue estrenada el 7 de febrero del 2009 en el Festival de Cine de Berlín.

La afirmación del Ejército japonés en el Tribunal Militar Internacional de Extremo Oriente es que la cifra de muertos en Nankin fue de 250 mil, todos militares y que no hubo masacres organizadas contra los civiles. En la sentencia de muerte emitida contra el comandante del Ejército japonés en Nankin, la cifra fue establecida en 100 mil. Cabe mencionar que en su camino de Shanghái a Nankin, los soldados japoneses cometieron un gran número de atrocidades, por lo que la masacre no fue un hecho aislado. El evento más famoso fue el “concurso para matar a 100 personas utilizando una espada”.

Otro caso de conductas enajenantes del ser humano es el genocidio de Ruanda (este de África), un intento de exterminio de la población tutsi por parte del gobierno hegemónico de Ruanda en 1994, año en el que fueron eliminados 75.0 por ciento de los tutsis por parte de la etnia mayoritaria hutu; lo cierto es que no existe ningún rasgo racial, ni lingüístico específico que diferencie a ambos grupos. Antes de la independencia del país y durante el dominio de Bélgica, sus instituciones estuvieron dominadas por la minoría tutsi; sin embargo, desde 1961 hasta 1994 el poder fue asumido por la mayoría hutu. La información disponible y testimonios que existen acerca de el genocidio de Ruanda es que no fue un genocidio de hutus contra tutsis, sino que un grupo radical y mayoritario de hutus fue el que preparó el aniquilamiento masivo tanto de tutsis como de hutus moderados u opositores al régimen del general Juvenal Habyarimana y cercanos al Frente Patriótico Ruandés, que actualmente gobierna Ruanda; lo que indica un alto contenido político en el genocidio en el que fueron asesinadas 800 mil personas y casi todas las mujeres que sobrevivieron al genocidio fueron violadas; igualmente, muchos de los cinco mil niños nacidos fruto de esas violaciones fueron asesinados.

Es importante destacar que Ruanda es un país mayoritariamente cristiano (65.0 por ciento católicos y 15.0 por ciento protestantes); a pesar de la presencia religiosa un gran número de ruandeses no vaciló en participar en el genocidio. En este ámbito, en un duro mensaje de 1996, el Papa Juan Pablo II admitió oficialmente que decenas de sacerdotes, religiosos y monjas de las etnias rivales participaron activamente en las matanzas consumadas en Ruanda.

Los casos de demencia colectiva en la historia de la humanidad son numerosos; sólo por mencionar otro de gran envergadura, fue el holocausto armenio, que en una crónica anterior se analizó, referido a la deportación y exterminio de civiles armenios, calculado entre un millón y medio y dos millones de personas, por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el imperio otomano, desde 1915 hasta 1923; este evento se caracterizó por la brutalidad y la utilización de marchas forzadas en las deportaciones en condiciones extremas, que generalmente llevaba a la muerte a los deportados.

Otros grupos étnicos también fueron masacrados por el imperio otomano durante este periodo, entre ellos los asirios, los griegos pónticos (grupo étnico originario del Ponto, una región costera del Mar Negro) y los serbios; a propósito de estos últimos la guerra Bosnia-Herzegovina que estalló en la primavera de 1992, cuando los servicios de Bosnia comenzaron a apoderarse de su territorio con la ayuda del Ejército Federal Yugoslavo, con el objetivo de dividir la República a lo largo de líneas étnicas y unir a todas las áreas retenidas por los serbios para formar la “gran serbia”, promovida por Slobodan Milosevic. Para que los serbios no ganaran, los croatas comenzaron a apoderarse del territorio adyacente a sus fronteras y a practicar la “limpieza étnica” en 1993. Esta guerra entre 1992 y 1995 provocó cerca de 100 mil muertos y un millón de desplazados; la mayoría de las víctimas “fueron asesinadas de manera feroz, organizada y planeada”. 55 por ciento eran de origen musulmán, 35 por ciento serbios y el resto croata y de otros grupos étnicos minoritarios. Las tres partes involucradas crearon campos de concentración donde fueron torturados y ejecutados miles de personas.

Toda la narración anterior viene a colación en virtud de que, guardando la proporción, en la última década las manifestaciones de violencia colectiva en México se han incrementado, aproximadamente 100 acciones anuales en promedio se llevan a cabo por grupos sociales, particularmente en el medio rural, en los que toman la justicia en sus manos, y en diferentes situaciones, culminaron con el linchamiento de personas. El caso mas reciente se registró en el poblado de Ajalpa, en la sierra de Puebla en octubre pasado, cuando una turba enardecida capturó a dos hermanos que realizaban una encuesta para una empresa de investigación de mercados. Los hermanos fueron acusados de intento de secuestro a una menor. Fueron golpeados y quemados vivos; con crueldad inaudita a uno de ellos le enterraron una varilla en la boca; “el regocijo demencial de algunos asesinos los hizo tomarse fotografías con los cuerpos de sus víctimas”.

Al asesinato de los hermanos les siguieron otros agravios: saqueo de las arcas municipales, mobiliario del ayuntamiento y robo de armas de las policías locales. Parte de el Palacio Municipal fue quemado. Las policías Municipal y Estatal no pudieron hacer nada; varias entidades de la República han identificado a grupos críticos de los gobiernos que difunden falsamente en las redes sociales que existen personas que secuestran a menores de edad para su venta.

El analista político Raymundo Riva Palacio considera que en el linchamiento de los jóvenes en Ajalpan junto con la estabilidad en los porcentajes de mexicanos que aprueban la justicia por propia mano, habla de la incredibilidad con las que las autoridades sean capaces de proveer seguridad; la irritación de la Procuraduría es un incentivo para quien desea tomar la justicia en sus manos. Lo ocurrido en Ajalpan, Puebla, es semejante a la que pasó en la comunidad de San Juan Ixtayopan en la delegación Tlahuac de la ciudad de México el 23 de noviembre del 2004, cuando lincharon a tres agentes de la extinta Policía Federal Preventiva (uno sobrevivió) quienes llegaron a esa comunidad para investigar el tráfico de drogas al menudeo; los pobladores aseguraron haber sorprendido tomando fotografías de menores de edad por lo que fueron acusados de ser secuestradores. Los policías fueron retenidos por lo menos por 300 habitantes de San Juan Ixtayopan, quienes los interrogaron, golpearon, amarraron a postes de luz y quemaron vivos a dos de ellos.

La desaparición de 43 supuestos estudiantes de Ayotzinapan en Guerrero, desde hace más de un año, representa otro ángulo en el que actuó el crimen organizado en complicidad de las autoridades locales. La estabilidad social está en riesgo ante este tipo de actitudes que son alentadas por el fanatismo y la ignorancia de grupos sociales susceptibles de ser manipulados, se precisan cuerpos de seguridad de los gobiernos en sus diferentes niveles, que sean eficientes, honestos y adecuadamente remunerados para abatir el rencor que priva por la marginación social en parte de la sociedad. También la ciudadanía tiene una responsabilidad en el mejoramiento del entorno.

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