Opinión

¿Crucificamos a General Motors?

Anteayer le pregunté a un amigo enterado de los pormenores de la industria automotriz si con los llamados a revisión que había hecho General Motors la semana pasada, habríamos de atestiguar el nacimiento de una nueva posición dentro de estas corporaciones.

¿Habrá un Chief Recalls Officer? Me dijo que no; que los mecanismos con los que trabajan las áreas de ingeniería, diseño y servicio al cliente eran suficientes para levantar la mano cuando emerge una falla.

Ayer, Mary Barra, la nueva CEO de General Motors, creó una nueva posición dentro de la corporación: el vehicle safety chief, que estará encabezada por un individuo que lleva más de 40 años en la empresa. Su tarea es sintetizar a la CEO la forma en la que los procesos de revisión de vehículos o recalls pueden hacerse más expeditos.

El problema de los recalls de millones de vehículos de General Motors tiene muchas aristas. La CEO tendrá que comparecer ante una comisión del congreso estadounidense, y ya se baraja la idea de establecer un fideicomiso de mil millones de dólares para los familiares de las 12 víctimas que murieron por problema del switch que, al apagarse involuntariamente por el peso de los llaveros, desactivaba las bolsas de aire en caso de choque.

La viralización de la información toma un papel crucial en las respuestas que deben tener las empresas cuando un riesgo latente se convierte en siniestro. En el caso de General Motors, su tamaño le orilla a enfrentar problemas de escala global, prácticamente con respuesta necesaria en todos los rincones del planeta. Esto aplicaría igual a empresas que también han masificado sus productos en el orbe, como las farmacéuticas, las de productos de consumo, o las de electrónicos.

Otra cosa es verdad: conforme la civilización avanza las sociedades se vuelven más exigentes y culpan a los fabricantes de problemas por el uso de los productos (en este caso, las muertes de General Motors). No obstante, hay un ángulo diferente que parece haber sido olvidado: hace apenas cuarenta años nadie habría culpado a esta organización si en sus vehículos hubiesen ocurrido estas muertes. La razón es simple: no existían las bolsas de aire.

¿Es siempre responsabilidad de una empresa como General Motors que la bolsa de aire abra para que podamos estamparnos con alegría, confiados de no morir? Creo que los consumidores deben repensar de qué tratan las relaciones comerciales… antes de crucificar a esta firma.

Este caso me hace pensar que las escuelas primarias podrían ser demandadas para que paguen las terapias a las que somos sometidos los adultos por el bullying que sufrimos en sus aulas cuando éramos niños. Y yo no creo, la verdad, que el mundo deba funcionar así.

Twitter: @SOYCarlosMota