Opinión

Crónica de una denuncia anunciada

 
1
 

 

ME renegociación. (Especial)

Desde 1994 que entró en vigor, se convirtió inmediatamente en un importante factor de crecimiento e impulso de la inversión en Norteamérica. Sin embargo, habiéndose aprovechado como una oferta partidaria del candidato Donald Trump durante su campaña para llegar a la presidencia de Estados Unidos, el TLCAN pasó a ser una moneda de cambio de la que penden dos proyectos políticos que pueden llevarlo a los anales de la historia.

Tan sólo ayer lunes 9 de octubre, el nerviosismo por el resultado que pueda arrojar la cuarta ronda de renegociaciones y modernización del acuerdo provocó un nuevo deslizamiento de la paridad cambiaria, que quedó colocada cerca de los 19 pesos.

La semana pasada, en lo que puede ser una estrategia del equipo mexicano encargado de la discusión de los términos en que quedará redactado, o también un auténtico principio de verdad, se adelantó el anuncio de que México podría levantarse de la mesa si la posición inflexible de los negociadores estadounidenses continúa.

El vaticinio se suma a los esfuerzos que los secretarios de Economía y de Hacienda han venido realizando a lo largo de los últimos días, con el objeto de disminuir la importancia que otras voces han concedido al acuerdo comercial, haciendo ver cómo sólo una mitad de las exportaciones dependerían del convenio internacional y cómo, aún ante su ausencia, el comercio binacional podría continuar bajo las reglas de la OMC.

Desde ayer, el propio secretario Guajardo ha fijado su posición sobre la trascendencia de culminar las negociaciones en la forma más temprana posible, con la finalidad de evitar el enrarecimiento de su aprobación, de vista a la apertura de los procesos electorales en ambos países.

Es precisamente esa coyuntura histórico-política la que viene a arrebatar la atención de cualquiera que se detenga a ver cuál sería el beneficio electoral atribuible a su rompimiento. ¿Cómo impactan los tiempos electorales en la renegociación del TLCAN?

Pese al dinamismo y autonomía de la economía estadounidense, el presidente Trump ha continuado sufriendo los efectos de los errores cometidos durante su administración en temas sensibles, como el referente a la atención de las desgracias ambientales acontecidas en Texas o, más recientemente, Puerto Rico. Su popularidad y su credibilidad siguen disminuyendo, con cerca de 60 por ciento de desaprobación general (Gallup).

El año entrante se celebran elecciones intermedias en Estados Unidos (EU), que pueden significar un cambio todavía más drástico en la pretendida relación que debe construir y conservar el presidente Trump con el Congreso, proceso político-electoral que también arroja un primer resultado de aprobación o rechazo de la ciudadanía y su base de votantes a su administración.

Fuera del aspecto comercial, que podría interesar a la gran mayoría de la gente, pero que no ocupa el primer lugar de importancia en la mente del titular del Ejecutivo de EU, la denuncia o terminación oportuna del acuerdo comercial puede alzarse como un éxito de su retórica, que ofrecería a su propio electorado un aliciente para confirmar la mayoría republicana en los órganos de representación política del gobierno de nuestros vecinos del norte.

El artículo 2205 del Tratado establece expresamente que cualquier parte podrá denunciarlo seis meses después de notificar por escrito a las demás partes su intención de hacerlo. Cuando una parte lo haya denunciado, éste permanecerá en vigor para las otras partes.

No es descabellado que en el pensamiento y de acuerdo con el cronograma de acción política del presidente Trump, pudiéramos estar siendo testigos de una estrategia de terminación del acuerdo que permitiría su utilización efectiva hacia el último tercio del año entrante, tomando en cuenta que sus elecciones son en noviembre. No existe necesidad de concluir la renegociación del Tratado ahora, más de un año antes de su elección. No puede olvidarse que para él, el TLCAN es el peor tratado jamás firmado por su país con el extranjero y esa terminación fue un anuncio de su campaña.

El efecto de esa estrategia sería terriblemente nocivo para el presidente Peña Nieto, cuya administración atraviesa una crisis de credibilidad provocada por diversas causas, entre las que se encuentra una mayúscula, que fue la invitación hecha al propio candidato Trump para venir a México, justo antes de su elección. Dicho efecto alcanzaría su pleno vigor durante las campañas electorales, en la primera mitad del 2018.

Esta circunstancia constituye un elemento primordial que no puede soslayarse en México y que debe ponderarse, con miras a proteger la estabilidad electoral sujeta a múltiples embates internos y del exterior.

Así como la denuncia del tratado podría llegar a tener un impacto positivo, desde el punto de vista electoral en EU no puede perderse de vista que el sentimiento de orgullo, vivo en la piel de muchos mexicanos después de la devastación ocasionada por los sismos del 7 y 19 de septiembre pasado, podría también revigorizarse mediante la terminación del Tratado en el primer trimestre del año entrante, pero ahora con motivo de la denuncia que pudiera presentar el gobierno de México.

Ahora que, si por la misma razón, el presidente Peña Nieto decidiera que México se levante de la mesa de negociación, y dar los pasos para la denuncia del acuerdo, el mismo efecto induciría a una detención y posible reversión del proceso de desgaste en el que ha estado inmerso, con idénticos efectos positivos para quien represente en la campaña al partido en el poder. El Ejecutivo está obligado a defender la dignidad del país, y en ese camino, gana totalmente.

Es urgente que en este contexto el equipo negociador mexicano tenga avisos claros sobre la posibilidad cierta de llevar la ronda de discusiones sobre el nuevo TLCAN a buen puerto, ya que el riesgo que produce la incertidumbre y sus efectos electorales son incalculablemente nocivos para la relación bilateral.

No puede pasarse por alto, desde luego, la otra visión, esperanzadora, de que el acuerdo se firme. Los efectos económicos y políticos de un entendimiento binacional pueden ser, incluso, más beneficiosos para ambos países. El discurso pronunciado por el presidente Trump la semana pasada, en el evento para celebrar en la Casa Blanca la herencia hispana de EU, demuestra la capacidad de su administración para tener una visión inclusiva y constructiva, que muy bien podría conducirse a través del camino del reforzamiento de los lazos que unen a ambos países.

En este estado de incertidumbre sobre el éxito de la negociación, la presión de los procesos electorales constituyen un elemento de presión que obliga a las partes a anunciar victoriosamente la denuncia del Tratado, un desaguisado con inconmensurables costos para la región. 

Twitter: @Cuellar_Steffan

También te puede interesar:
Plurinominales y otras alternativas
Su paso por la capital
El recuento