Opinión

Crónica de un desastre

 
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ME. ¿Protege el gobierno a El Chapo?

El Ejército no actuó esa noche. Permaneció pasivo frente a la agresión a los normalistas de Ayotzinapa. “En lugar de actuar de inmediato para proteger a la población civil, el batallón bloqueó los accesos y las salidas de la ciudad, con lo que contribuyó a la matanza y el secuestro”, dice Raymundo Riva Palacio en La fuga del Chapo (Grijalbo, 2015). El comportamiento del Ejército no fue inusual. Fue resultado de la estrategia de seguridad pública del gobierno federal, consistente en el repliegue. A la luz de lo sucedido en Iguala y de la fuga del Chapo es justo decir que dicha estrategia terminó en el fracaso.

Lo tiene claro Riva Palacio: “la evasión se dio porque estaban creadas todas las condiciones para que se diera”. En el sexenio de Calderón no hubo fugas de los penales de alta seguridad.

Bajo el gobierno de Peña Nieto, antes de El Chapo, se habían fugado tres. Manuel Mondragón, a la cabeza de la Comisión Nacional de Seguridad, desmontó la infraestructura tecnológica con que contaba el Sistema Penitenciario Federal. Uno a uno se fueron sumando los privilegios para El Chapo: pelo largo, televisión, cientos de visitas de sus abogados, suspensión de las escuchas en los locutorios, un canario en su celda. Se fueron a la par desarticulando los estrictos controles de la prisión: sensores descompuestos, brazalete inservible porque no se renovó un contrato, de las 385 cámaras al interior del penal, sólo 117 servían. Nada de lo que ocurría adentro podía hacerse sin consulta y permiso del exterior. El Chapo era monitoreado por tres personas, dos en el penal y otro en el Cisen. Un monitor más se encontraba en una pequeña oficina adjunta al despacho del secretario de Gobernación. Por ello Osorio Chong, dice Riva Palacio, “recibió todo el golpe de la evasión y las consecuencias de su hambre de poder”.

El juicio de Riva Palacio, a tres años de regreso del PRI, es implacable.

Estamos siendo testigos de la eliminación “del Estado de derecho en el gobierno de Peña Nieto”. Para diferenciarse de la estrategia de guerra de Calderón, en los dos primeros años de gobierno se ordenó el repliegue de las fuerzas federales en el combate al narcotráfico. Pero la violencia, lejos de ceder, aumentó. Al eliminar “los diques que se habían puesto a la delincuencia organizada”, los criminales aprovecharon los vacíos de autoridad en el país. Resurgió así La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios, se reavivó la disputa entre el Cártel del Golfo y Los Zetas, se consolidó el Cártel Jalisco Nueva Generación, se volvieron a activar los focos guerrilleros en el sur del país, aparecieron los grupos de autodefensa.

Se pasó de una estrategia de disuasión a otra de repliegue. “Se maquillaron las cifras [de los muertos] mediante nuevos parámetros para medirlas”. Pero sobre todo se creó un monstruo. En las tierras del EPR nacieron las policías comunitarias “con la bendición federal”; algunos de cuyos cuadros pertenecían a la guerrilla, mientras que otros formaban parte del CJNG. Se decidió entonces en Gobernación aliarse “con los delincuentes para combatir a otros delincuentes”. Aliados tácticos a pesar del 17 constitucional que dicta que “ninguna persona podría hacerse justicia por sí misma”. ¿Cuáles son los límites del Estado en su lucha contra la delincuencia? Para evitar manchar las manos de las instituciones, “el Ejército armó y protegió a grupos paramilitares en Michoacán” para que se enfrentaran a Los Caballeros Templarios. Con ello Osorio Chong puso en marcha, a decir de Riva Palacio, “una guerra sucia, con la participación indirecta de las fuerzas de seguridad”. ¿En qué momento una política para combatir el crimen se vuelve en sí misma un crimen?

El Chapo se fugó porque el sistema diseñado para contenerlo no funcionó. “Fallaron tantos sistemas a la vez que es demasiado enorme la falla para que sea circunstancial”, afirma Riva Palacio. Hay decenas de personas detenidas relacionadas con el caso. Pero responsable también es Manuel Mondragón por el deterioro de los controles del penal. Responsable Eugenio Imaz, director del Cisen, que era quien debía vigilar al reo y al sistema del Altiplano. Responsable Osorio Chong, que sigue en su cargo. Y faltan tres años.

Twitter:@Fernandogr

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