Opinión

Crisis en las relaciones especiales de Estados Unidos

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Obama

Sólo un pequeño número de los países puede afirmar que tiene una relación especial con Estados Unidos. Desde luego, Washington tiene sus favoritos, pero sorprende que de forma repentina los vínculos con sus aliados más cercanos se estén deteriorando notablemente. Las dificultades de Obama para actuar con un Congreso dominado por la oposición, la política hacia Oriente Medio, el ascenso continuo de China y la elección presidencial de 2016, han producido desencuentros con amigos tan cercanos como Reino Unido, Canadá, Israel, Arabia Saudita y, si cabe dentro de este círculo, México.

En febrero, Obama vetó un proyecto de ley que autorizaba la construcción de un oleoducto transfronterizo entre Estados Unidos y Canadá, que habría supuesto una inversión de ocho mil mdd. Obama vetó la iniciativa porque no ha transcurrido el tiempo necesario para que su administración evalúe el impacto ambiental y los beneficios de ese proyecto para el interés nacional. El ala republicana del Congreso buscó ejercer presión sobre el presidente para acelerar la evaluación del proyecto, pero se topó con su oposición rotunda. La discusión de este tema se ha prolongado durante varios años y ha enturbiado la relación entre Washington y Ottawa, al punto que no se ha podido celebrar la Cumbre de Líderes de América del Norte de acuerdo con el calendario originalmente previsto.

La decisión del primer ministro de Reino Unido, David Cameron, aliado tradicional de Estados Unidos, de participar como miembro fundador del nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) produjo escozor en Estados Unidos. El banco es visto como un esfuerzo por construir un sistema financiero “sino-céntrico” alternativo a las instituciones de Bretton Woods y al Banco Asiático de Desarrollo, en el que Japón y Estados Unidos tienen un peso determinante en la toma de decisiones. Washington lamentó en un lenguaje inusualmente agresivo, que la decisión de Londres se haya hecho “prácticamente sin consultar a Estados Unidos” y como parte de un afán desmedido por “complacer a China”.

La relación con Israel está en uno de sus peores momentos tras el discurso que el primer ministro Netanyahu pronunció en el Congreso estadounidense a invitación de la mayoría republicana, en el que buscó sabotear las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en torno al programa nuclear de Teherán. Varios congresistas demócratas consideraron su tono condescendiente y agresivo como “un insulto al presidente y a EU”. La relación entre Obama y Netanyahu siempre ha sido ríspida y continúa en deterioro, si bien nadie duda del compromiso estratégico de Washington con la seguridad de Israel.

Los vínculos con Arabia Saudita, el principal aliado árabe, también atraviesan dificultades. El Reino de Arabia Saudí considera que Estados Unidos hizo muy poco por acabar con el régimen de Assad en Siria y demasiado por poner fin a los días de Mubarak en Egipto. Al igual que Israel, El Riad desconfía de las negociaciones en curso entre Washington y Teherán. Por su parte, Estados Unidos considera que Arabia Saudita no hace un esfuerzo por interrumpir el flujo de financiamiento a los yijadistas en Irak, que han obligado a Washington a enviar hasta 300 asesores militares a ese país, a pesar de que las tropas se habían retirado formalmente en 2011.

Por último, nada de lo que Obama prometió a los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos se ha cumplido. Por el contrario, el número de expulsados ha sido el más alto en la historia. La medida de acción ejecutiva que abría la puerta a la regularización de indocumentados está entrampada en una batalla política y judicial. La relación con México se mantiene tibia y distante, centrada en el combate al crimen organizado y algunas disputas comerciales, pero con pocos avances tangibles, salvo en el tema de cooperación educativa.

El presidente Obama se encuentra muy debilitado al interior y al exterior de su país, y debería buscar recuperar el estatus de Estados Unidos como potencia hegemónica en un mundo en el que la estructura internacional del poder cambia progresivamente. No cabe duda que uno siempre piensa que tiene relaciones muy especiales, para luego darse cuenta de que no lo son tanto.

Twitter: @lourdesaranda

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