Opinión

Crímenes sin castigo

Mario Rodarte E.

En el México de contrastes en donde nos tocó vivir, estamos siendo testigos de uno más, con enormes implicaciones para nuestro futuro. El premio Nobel de economía Gary Becker escribió hace mucho una investigación muy interesante, basada en una reflexión acerca del comportamiento humano y cómo éste responde a estímulos. La idea central es que en la medida en que el castigo por un delito crece y supera el valor esperado de la ganancia por cometerlo, se desincentiva el que la gente cometa actos criminales. Si en cambio el castigo es muy reducido, o existe una elevada probabilidad de que la autoridad sorprenda a quien lo comete, o si lo atrapa, la probabilidad de salir sin castigo es muy grande, estaremos viviendo muy cerca de lo que podríamos llamar el estado del delito.

Hoy vemos en la prensa que la Auditoría Superior de la Federación descubrió una gran cantidad de irregularidades cometidas con el presupuesto de varias entidades y muchas de ellas merecen que se les persiga criminalmente y se les castigue, incluso con la cárcel; no obstante se dan a conocer las cifras de que en las pasadas tres administraciones, de 457 irregularidades que merecían castigo, sólo se han perseguido 19, y muchas de ellas se fueron desechando por tiempo, al vencer el plazo marcado por la ley para perseguir, o simplemente por ser casos mal llevados por abogados chambones, que quizá actuaban de esa manera porque recibían un pago por fuera para así hacerlo, el caso es que quienes deberían pagar están libres, gozando sus ahorros.

Uno de los principales problemas del país es el de la corrupción, que cuando se liga con la impunidad y los huecos legales para exigir que todo el que ejerza un presupuesto rinda cuentas, se vuelve una maraña en la que todo es posible. Las consecuencias son nefastas, en contra del bienestar de la sociedad, ya que debemos recordar que es la sociedad quien con sus impuestos aporta los recursos para que determinados programas se realicen y son precisamente esos recursos, que tienen un elevado valor para la gente, los que los funcionarios corruptos se llevan a la bolsa. La sabiduría popular nos dice que las cárceles están repletas de pobres, sin recursos para aceitar la máquina de la justicia para que trabaje y sin es a su favor, mejor, como sucede en los casos en que quienes son culpables a los ojos de todos, salen libres y en hombros, como en la plaza de toros.

Erradicar la corrupción requiere elevar las penas para quienes sean acusados de corruptos y encontrar el mecanismo para que el sistema de justicia aplique la ley de manera expedita. De lo contrario seguiremos viendo como unos cuantos elegidos logran amasar fortunas enormes, a los ojos de todos. Así como estamos viendo hoy en día que el famoso mafioso está siendo juzgado y de seguro irá a la cárcel, porque sería muy evidente que comprara el sistema para salir libre, aun teniendo los recursos, que de seguro sí los tiene, así deberíamos proceder con los corruptos y posiblemente un día estaríamos libres de este mal.

rodartemario@hotmail.com