Opinión

¿Crees que siempre te equivocas en tus decisiones financieras?

Como la ley de Murphy, en ocasiones, uno siente que toma las decisiones equivocadas; es como cuando eliges una fila y resulta ser muy lenta, te cambias y ahora vas aún más despacio. En términos financieros esto puede ser angustiante porque implica alejarte de la meta patrimonial o correr mayores riesgos.

El punto central es entender que hay dos “tiempos” obvios en las decisiones. El primero, cuando uno desconoce el futuro y debe resolverse; mientras el segundo corresponde a la evaluación fría de las consecuencias con toda la información disponible.

En tanto no tengamos la “bola de cristal” para adivinar qué sucederá, la toma de decisiones siempre tendrá un componente de incertidumbre y se elegirá el camino a seguir con los elementos al alcance. Por eso, cuando la situación a resolver es relevante para uno, debe hacerse con análisis y con la mayor cantidad de datos a nuestro alcance.

En ocasiones es “injusta” la valoración de “me equivoqué”, porque los resultados no fueron los esperados, pero la pregunta justa sería ¿con los elementos que tenías en ese momento, hubieses concluido de diferente manera? Tal vez el problema surgió porque se dejó de estudiar un aspecto que luego fue crucial.

La incertidumbre que genera el futuro llega a paralizar a muchos, empero, habría de pensar que dejar de decidir, en sí mismo, es una decisión con sus propias consecuencias.

Es fácil “juzgar” cuando ya se sabe qué pasó. “Me equivoqué y perdí en la bolsa” o “no debí de haber comprado ese terreno, ahora no lo puedo vender” o incluso criticar la inacción “ahora me doy cuenta que debí de haber adquirido una vivienda”.

En el mundo financiero nos tenemos que acostumbrar a los errores; es común. Sin embargo, el punto central es hacer los ajustes para mejorar.

Existen cuatro componentes que guían las decisiones: contexto, análisis, acción y resultados. Lo importante es salirnos de ser reactivos y sólo centrarnos entre las últimas dos (acciones y resultados), es básico “reanalizar” y tener claro el contexto en que se tomaron para aprender en el proceso.

El reto va más allá de concluir que te equivocaste, sino determinar qué perdimos de vista en el análisis o el contexto, porque eso te lleva a acciones diferentes.

Siempre habrá un cierto grado de prueba y error, lo trascendente es evitar caer en los mismos fallos una y otra vez.

Twitter: @finanzasparami