Opinión

Crecimiento

 
1
 

 

empresa japonesa

Se publicó el viernes el dato del PIB al primer trimestre. Ya hace unas semanas conocíamos el avance, pero ahora se confirma que durante los primeros tres meses del año tuvimos un crecimiento bastante razonable, comparado con lo que ha ocurrido en esta administración, aunque nada excepcional, relacionado con lo que ellos mismos han pronosticado.

La economía creció 0.8 por ciento respecto a los últimos tres meses del año pasado, o 2.8 por ciento contra el primer trimestre de 2015.

Con este dato, Hacienda modifica su estimación para todo este año y pronostica ahora que el crecimiento de 2016 será más o menos como el que ocurrió en este trimestre, por ahí de 2.8 por ciento. Si ocurre, será el mejor año de esta gestión, que no ha logrado superar 2.5 por ciento de crecimiento anual. Como ya alguna vez lo comentamos, es interesante notar que desde hace algunos sexenios los primeros años resultan malos. Con Zedillo, por la crisis de 1995; con Fox, por la recesión dot com, que tuvo un impacto brutal en la industria maquiladora, y fue el inicio de la migración industrial hacia China; con Calderón, la Gran Recesión de 2009; y ahora, la desaceleración o aterrizaje forzoso de China.

Este aterrizaje chino, que ocurre a tumbos, es lo que está detrás de los grandes ajustes cambiarios, de la caída de precios de materias primas y de una profunda contracción en el comercio internacional. Pero China sigue diciendo que crece 6.5 por ciento anual, y las agencias internacionales le siguen creyendo a esos números. Y por eso la información parece contradictoria: aparentemente el mundo crece, pero el comercio se contrae.

El ajuste de los flujos internacionales de comercio se nota en la industria. En la nuestra y en la de Estados Unidos, que desde el TLCAN son muy complementarias. La industria vecina empezó a desacelerarse a fines de 2014, siguió reduciendo su ritmo todo 2015 y para fines de ese año ya estaba en terreno negativo. Apenas en abril parece caer menos, pero todavía no recuperarse.

Nuestra industria había aguantado, posiblemente por la depreciación del peso, que debe haber movido parte de la producción hacia acá, pero ya en este inicio de año no pudo sostenerse más. La industria automotriz, que es el eje de las manufacturas, tuvo una contracción importante, 6.0 por ciento, durante este primer trimestre.

El golpe no es tan fuerte porque dos actividades grandes, que a inicios de sexenio tuvieron problemas, ahora crecen: construcción y comercio.

La primera, a un ritmo de 2.0 por ciento, que no es una maravilla, pero que confirma que lo peor quedó atrás, y el comercio casi a 4.0 por ciento, posiblemente como resultado de más empleo, menos inflación, y mejor tipo de cambio para las remesas. Otro elemento que ayuda es que la caída del petróleo fue menos fuerte, aunque sigue estando en terreno negativo.

Como es costumbre, otras dos actividades muy grandes se mueven muy poco: educación y salud. Apenas 0.2 por ciento, a tasa anual. Esto significa que en estos dos rubros tenemos una caída en PIB por habitante y eso ha ocurrido desde hace tiempo. Hay que recordar que cerca de 90 por ciento de la educación está en manos del gobierno (o de los distintos órdenes de gobierno), y por ahí de 60 por ciento de la salud. Si el gobierno no puede gastar más en estos servicios, su PIB no crecerá.

En suma, seguimos en la mediocridad, que frente a la tragedia del sur no se ve mal, pero que ya debemos abandonar. Platicaremos de esto.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
Entusiasmo y colapso
Divisas y petróleo
Libertad y comunicación