Opinión

Crecimiento

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Christine Lagarde, directora del FMI pide que cada país adapte sus políticas para hacer frente a los tiempos difíciles. (Bloomberg)

La semana pasada el FMI publicó sus nuevas estimaciones de crecimiento. Lo hace un par de veces al año, en abril y octubre, con revisiones menores en enero y julio. Bueno, pues ahora esperan un menor crecimiento en el mundo entero, especialmente porque sus estimaciones acerca de China son menos optimistas. Anteriormente, esperaban un crecimiento en ese país ligeramente superior a 7.0 por ciento en este año, ahora no creen que llegue ahí, y apuntan a poco más de 6.0 por ciento para 2016.

Medida en PIB total, a precios corrientes, China es la segunda economía del mundo, con 10 billones de dólares (trillions) al año, sólo detrás de Estados Unidos, que alcanza 17 billones. Si la Unión Europea se considera como una sola entidad, estaría en primer lugar con 18.5 billones. El PIB del mundo es de 77 billones. Puesto así, se entiende la importancia del crecimiento de China: representa 13 por ciento del crecimiento del mundo. Si en lugar de crecer 10 por ciento como lo hacía hace poco, crece 6.0 por ciento, esto significa una reducción en el crecimiento del mundo de medio punto. Algo similar ocurriría con Estados Unidos, pero ese país rara vez tiene variaciones de esa magnitud: en las estimaciones del FMI se mueve alrededor de 2.0 por ciento y la Unión Europea de 1.5 por ciento. Esto significa que para 2016, tanto Estados Unidos como la UE aportarán 0.4 por ciento, mientras China aportará 0.8 por ciento. Ellos representan un crecimiento mundial de 1.6 por ciento, aunque el resto no haga nada.

Como usted ya sabe, nosotros creceremos 2.3 por ciento este año y 2.8 por ciento el próximo, según el FMI, que estima para Brasil -3.0 y -1.0 por ciento, respectivamente. Es decir que este año creceremos 5.0 por ciento más que ellos y el próximo 4.0 por ciento, que no es poco. Paulatinamente, la ilusión de las materias primas, que tanto daño ha hecho a América Latina, vuelve a borrarse y arrastra al subcontinente, que terminará este año con una leve contracción (-0.3 por ciento) y el próximo no llegará a 1.0 por ciento de crecimiento.

Pero decíamos que China es determinante, por su tamaño y la dinámica que traía hasta hace poco. Acá hemos insistido en que los datos que reportan son incorrectos, y que es muy probable que la economía de ese país esté en niveles de 4.0 por ciento anual, y no siete, como dicen. Si es así, entonces su aportación es de la mitad, y el crecimiento mundial será casi medio punto menor al pronosticado. Ya irán corrigiendo un día, cuando en ese país haya fuentes de información independientes.

Pero el impacto de ese menor crecimiento en el mundo es relevante. Precisamente por su menor dinámica, América Latina sufre: le vendíamos soya, hierro, cobre, petróleo, y ya no compra. Por eso la caída en los precios de los commodities. Pero recordemos que China ha utilizado el modelo de crecimiento que antes usaron Japón y Corea, que consiste en invertir mucho. Para ello, se deprime el consumo de las personas. Cuando se intenta balancear el crecimiento, elevando el consumo, las economías se estancan. Así pasó en Japón y así pasa en Corea. Creo que así pasará con China.

Pero esto no significa que se acabe el crecimiento en el mundo, sino sólo la parte que dependía de la inversión china. Debido a sus excesos, en ese país la inversión representa 50 por ciento del PIB, algo nunca registrado. El consumo aporta 40 por ciento. Esto significa que si los chinos incrementan su consumo a un ritmo de 6.0 por ciento anual, y la inversión se estanca, China crecería 2.4 por ciento. Es decir: lo que vamos a ver en los próximos años es el crecimiento del consumo en China, no de la inversión. Y esto implica una dinámica comercial global diferente, pero no menor. Es algo que amerita más atención.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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