Opinión

Creciente tensión musulmana

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Charlie Hebdo

El inicio de este 2016 apunta a una grave confrontación política, diplomática, sin duda religiosa y eventualmente militar entre las potencias del mundo islámico. La ruptura de relaciones entre Arabia Saudita e Irán complican gravemente el panorama en Medio Oriente.

Si bien las complejas negociaciones entre Estados Unidos e Irán para regular su programa nuclear, disminuir sanciones y en suma, restablecer relaciones después de 36 años de tensión, fueron objeto de cabildeo en contra y de todos los obstáculos e incluso amenazas por el gobierno saudita, el logro y el anuncio envío al mundo una señal de descomprensión. Especialmente cuando la mayor amenaza ha dejado de ser por mucho el gobierno iraní de los ayatolá o los extremistas suníes de los talibanes en Afganistán. Es el autodenominado Estado Islámico el que ha venido a ocupar el centro de los riesgos y las expresiones más radicales y violentas en la zona. Parecía que la enérgica rivalidad entre Irán y Arabia Saudita podría aminorarse al encontrar un enemigo común en el Estados Islámico que además ha congregado la animadversión internacional europea y estadounidense.

Sin embargo, toda esperanza se diluyó el pasado fin de semana con la ejecución del líder religioso chiita –con grado de ayatolá– Nimr al Nimr en Arabia Saudita junto con otras 46 personas acusadas de asociación terrorista y vinculación peligrosa con el extranjero.

De fondo existe la milenaria confrontación entre chiitas y sunitas en el mundo islámico: 13 siglos de disputa en torno a la “correcta” interpretación del Corán así como quiénes son o debieran ser los auténticos sucesores del profeta Mahoma para dirigir a los musulmanes del mundo. A pesar de que han convivido, la rivalidad, la visión conservadora alternada que se han disputado a lo largo de la historia, así como su constante lectura del mundo occidental, han sostenido una tensión milenaria que tuvo sus confrontaciones armadas antes de la edad media.

La capital sunita del mundo –Ryad en Arabia Saudita– sostiene la certeza de que Irán pretende “cerrar una pinza” en torno a los suníes, la llamada media luna chiita: integrada por Irán, Irak –ahora bajo su influencia y control después del derrumbe de Saddam Hussein– Siria y Líbano.

En contraparte la influencia sunita, de considerable mayoría en el mundo árabe –casi 85 por ciento de la población total musulmana es de origen sunita– se centra en la península arábiga a excepción de Yemen: Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y hasta Egipto.
La ruptura de relaciones al inicio de este año, el llamado a la “venganza divina” anunciada por Irán, el incendio de la embajada saudita en Teherán, pronostican tiempos tensos y difíciles para la Casa Blanca que ha trabajado por más de cuatro años en construir el acuerdo con el gobierno iraní. Todo pareciera indicar que los sucesos en Arabia Saudita están destinados a boicotear el diálogo Washington-Teherán en un último esfuerzo por impedir otros canales de comunicación distintos a los propios entre el mundo islámico y el poder estadounidense.

El Ayatolá Ali Jamenei, líder religioso máximo en Irán, acusó al gobierno saudita de ejecutar a Nimr al Nimr por sus constantes críticas y oposición política a la monarquía saudí, y no por sostener relación con ningún movimiento terrorista.

Entre los 47 ejecutados hace dos días, figuraron muchos sunitas de nacionalidad saudí, pero destaca la figura y celebridad del clérigo chiita por dos motivos: la primera es que había sido ya víctima de persecución policíaca y política, había recibido graves heridas en una pierna durante un arresto en  2012; la segunda es que su influencia y relevancia crecía al interior de Arabia Saudita, era la voz distintiva de la minoría chiita en territorio suní.

Twitter: @LKourchenko

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