Opinión

Creciente peso de los Partidos Religiosos en Israel

Desde la creación del Estado de Israel, en 1948, ha enfrentado varias guerras con sus vecinos y con los grupos terroristas de Hamas y Hesbollah. Asimismo, al constituirse en una democracia, los gobiernos en turno han tenido que operar a través de coaliciones políticas en el Parlamento a fin de cumplir con las demandas de los diferentes grupos étnicos de judíos y árabes que conforman la multicultural sociedad israelí. En este sentido, los partidos ortodoxos y ultraortodoxos que representan a los judíos denominados Haredim (temerosos de Dios), son los que más presiones han ejercido en el Parlamento para que el gobierno les otorgue una serie de concesiones en materia económica y para el ejercicio de sus prácticas religiosas, que en algunos casos se han convertido en obligatorias para la ciudadanía, como los matrimonios y divorcios que son regidos por leyes religiosas.

Los Haredim basan sus creencias y prácticas religiosas en Moisés y la entrega de la Tora, (Rollos Sagrados) en el Monte Sinaí. La Tora es su fuente de legislación y rechazan al Estado Judío; su referente supremo son los rabinos. No obstante, que en la práctica se ven precisados a tener una representación en el gobierno a través de los partidos políticos, los Haredim creen que el “culto al Estado”, propio de los sionistas, es una idolatría; de acuerdo a los Haredim, Dios destruyó al reino de Israel para castigar a los judíos y sólo su mesías puede crear un Estado: la creación de un Estado autónomo “es una provocación contra Dios y contra los pueblos gentiles”. En este ámbito, entre los Haredim existe un pequeño grupo de ultraortodoxos, los Neturei Carta; que llaman a Israel el Satan Sionista, algunos de sus miembros se entrevistaron en Irán con el expresidente Ahmadineyad a quien consideraban su aliado. La relación de este grupo con Ahmadineyad resulta inaceptable en virtud de que la mayoría de la gente de este grupo ultraortodoxo son hijos o nietos de sobrevivientes del Holocausto, acontecimiento que con vehemencia niega Ahmadineyad que existió.

Cabe destacar que los Haredim consideran a los judíos no ortodoxos, y en cierta medida a los ortodoxos modernos “como corrientes desviadas del judaísmo auténtico”. La mayor parte de los Haredim viven en Israel, aunque tienen presencia en EUA y Europa Occidental, sobre todo en Suiza, Holanda, Francia e Inglaterra. Viven segregados en sus barrios, al margen de las sociedades laicas que los rodean, bajo la dirección de sus rabinos. En Israel constituyen alrededor de 15.0 por ciento de la población total; su crecimiento demográfico duplica a la tasa media de la comunidad israelí, ello en virtud de que siguen el mandato religioso de “creced y multiplicaos”; este hecho unido a que una gran parte de los varones no tienen trabajos formales, dado que están consagrados al estudio de los textos sagrados, incide en que su ingreso familiar sea exiguo. Las mujeres Haredim frecuentemente son el sostén principal de los hogares, empero, su campo laboral está delimitado por su escaza calificación y por qué no aceptan trabajar en el mundo mixto de hombres y mujeres; además continuamente se ven obligadas a suspender sus labores por razones de maternidad.

En este contexto, 20.0 por ciento de la población de los Haredim en Israel viven hoy día por debajo del umbral de la pobreza; de aquí que las comunidades Haredim dependan de los recursos que les proporciona el gobierno como ayuda educativa, alimentaria, subsidios varios, y en general, fondos para mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, ante el dinámico aumento de la población Haredim y las limitaciones presupuestales que enfrenta el gobierno, este último le ha reducido paulatinamente sus aportaciones financieras; los Haredim han compensado la disminución de ingresos con donaciones de judíos del exterior. La compleja situación económica que vive Israel, en el presente ha creado una actitud de descontento en la ciudadanía que demanda, que un segmento de la población, los Haredim; no se perpetúen como un obstáculo al desarrollo, dado su insuficiente preparación y poca productividad; de aquí que exigen que se suspendan los tratos preferenciales de los que gozan y se integren a la economía y cumplan con las obligaciones de cualquier ciudadano común. Su incorporación al trabajo a los primeros que beneficiaría es a ellos mismos, porque les permitiría tener un ingreso para vivir decorosamente.

Un asunto de especial conflicto entre el gobierno y los Haredim es la convocatoria de este último para que los jóvenes se integran al Ejército, que en Israel es obligatorio. Los Haredim argumentan que su no participación en el Ejército es porque rechazan la violencia y por que los jóvenes están dedicados al estudio de los libros sagrados. Lo cierto es que a los líderes de los Haredim les preocupa que tanto el servicio militar como su incorporación al trabajo productivo favorezca la “asimilación” de sus miembros a la modernidad y socaven la autoridad de los rabinos.

Los Haredim son una fuerza contraria a la democracia, deben entender que la misma libertad religiosa que exigen para ellos, sólo puede ser brindada en el mismo grado en que acepten una libertad de religión para los demás. Los Haredim precisan replantear sus compromisos con la modernidad y con la seguridad de Israel. Israel no tiene un Ejército como instrumento de conquista y sometimiento, sino de defensa, incluso la de los Haredim.