Opinión

Crece piratería de marcas notorias por internet

Cuando internet inicio su exponencial crecimiento, muchas voces apuntaron a la amenaza que la utilización ilegal e indiscriminada de marcas, obras de todo tipo y nombres de dominio significaría para la regulación de estos derechos en el mundo. El desafío ha sido medianamente contenido en muchas de las áreas, pero aún prevalecen y surgen nuevas formas de parasitismo, desde simples referencias ilegales a marcas en redes sociales, hasta mecanismos fraudulentos de falsificación y piratería que operan clandestinamente en la red.

Bajo este propósito se pueden reportar muchos casos para los que gradualmente se han construido soluciones; algunos, los procedimientos que han sido ideados para resolver controversias de titulares de marcas respecto de nombres de dominio indebidamente registrados u operados por especuladores; otros de los casos, los de imitación completa de contenidos protegidos por derechos de autor para desviar ofertas comerciales a falsos operadores; otras más, las que recientemente han surgido como conductas de competencia desleal, por las que un competidor manipula a los buscadores para que visitantes destinados a una determinada marca terminen en el sitio equivocado.

La conducta que, sin ser novedosa se ha incrementado de manera geométrica en los años recientes, es la oferta de productos de conocidas marcas que son una falsificación de los originales, y que se ofrecen de manera directa en sitios dispuestos para ese fin, o bien a través de conocidos sitios como “mercado-libre” o “e-bay”. La falsificación involucra toda suerte de productos, desde electrónicos y llantas de auto, hasta falsos seminarios, medicamentos o boletos de avión a precio de remate. En algunos casos, como el de las conocidas sillas “Herman Miller”, algunas falsificaciones son de tan buena calidad que el fraude puede permanecer oculto para el consumidor durante cierto tiempo.

Ante este escenario, es claro que más allá de los esfuerzos individuales y limitados de los titulares afectados, las acciones institucionales concertadas se imponen como indispensables para contener el crecimiento de estas conductas de comercio informal, que bien sabemos corroen progresivamente los circuitos comerciales. Constantemente, “buscadores” como Google anuncian estar tomando medidas para disminuir el uso de sus sistemas para promover la venta de productos y servicios ilegales, como recientemente sucedió bajo la iniciativa de no mostrar sitios que permiten la descarga ilegal de música y películas.

Lamentablemente, la acción tiene que ir más lejos. El involucramiento de los sitios de internet que promueven o facilitan la venta de productos no puede seguir siendo discrecional y espontáneo, sino consecuencia directa de la responsabilidad que la ley les traslade. De lo contrario, el fenómeno, en países de alta incidencia de piratería, amenaza con salirse de control. No es un dato menor que Amazon vende en épocas decembrinas un promedio diario superior a 5 millones de artículos, lo que supera sensiblemente a cualquier cadena de autoservicio tradicional. No se trata, en consecuencia, de limitar o coartar las libertades de las nuevas formas de comercio, sino de beneficiarlas impulsando la sana competencia y el respeto a los derechos de los consumidores.