Opinión

Crece la posibilidad de una nueva crisis global

1
 

 

crisis mundial

Parece claro que la economía mundial está entrando en la siguiente fase de la crisis que comenzó en 2007/2008, pero estamos lejos de poder decir que ésta ha sido superada.

La Reserva Federal terminó en noviembre su proceso de impresión de dinero que duró seis años. Durante este período, inyectaron 4.5 millones de millones de dólares de liquidez a la economía global.

Lograron lo esperado. Con los dólares recién impresos compraron bonos en el mercado abierto, forzando así a que las tasas de interés de éstos bajaran a niveles mínimos. Los ahorradores se enfrentaron con la disyuntiva de ganar nada por su ahorro en bonos, o tomar riesgo en otras clases de activo. Lo hicieron, y su flujo levantó los deprimidos precios de bienes raíces, acciones, arte y otros activos reales.

Una vez más, estamos a niveles récord en algunos mercados. Nunca se pagaron precios tan exorbitantes por obras de arte; en Miami se anuncia nuevamente escasez de trabajadores calificados ante la creciente demanda por departamentos, y en el mercado accionario se pagan cantidades irrisorias por empresas que, a veces, venden humo y espejos. Más de 70 por ciento de los IPO’s (nuevas ofertas públicas de acciones) que se lanzan al mercado no generan utilidades. En el año 2000, antes del estallido de las dot com, esa cifra era de 80 por ciento.

Ciertamente, la nueva demanda ha cumplido con el cometido de hacer que los inversionistas se sientan cómodos para gastar más. Por eso, la economía de Estados Unidos, predominantemente de consumo (más de 70 por ciento del PIB) ha recuperado su brío.

La asignación de recursos a inversiones de capital de riesgo (es decir, a jóvenes empresas privadas que por años requerirán capital y que en contados casos lograrán éxito de largo plazo), está en niveles récord. Los fondos dedicados a este tipo de actividad levantaron más de 30 mil millones de dólares en 2014, e hicieron inversiones por más de 47 mil millones, el mayor monto desde 2001. Como entonces, las valuaciones empiezan a no hacer sentido, en algunos casos valen más las empresas en mercados privados que cuando salen al mercado público, pésima señal.

¿Cuál es la expectativa de alguien que invierte, por ejemplo, en una empresa como Uber? Ésta tiene una valuación de 41 mil millones de dólares y sus ventas brutas (que conste que no utilidades) deben andar por ahí de 220 a 300 millones de dólares. Una empresa que se vende a casi 190 veces sus ingresos, garantiza que no será rentable para quien en ella invierta, por exitoso que sea su modelo.

El mundo cae nuevamente en la misma trampa, la de pensar que una inyección de adrenalina lo resuelve todo, sin hacer cambios estructurales de fondo. Estados Unidos sigue lidiando con intermediarios financieros demasiado grandes, y con una regulación financiera obtusa que funciona como barrera a la entrada de nuevos jugadores, por el colosal costo implícito en el cumplimiento de reglas absurdas.

En Europa la situación es peor aún. El nuevo gobierno griego pondrá a las autoridades financieras en una complicada encrucijada, pues ese país está hoy mucho más endeudado que antes (175 por cient del PIB), pero el grueso de la nueva deuda se utilizó exclusivamente para forzar a que Grecia le hiciera pagos a los irresponsables intermediarios financieros que les dieron crédito a manos llenas, a pesar de la pésima situación financiera y fiscal del país (con la certeza de que al final del día, este país sería rescatado por Alemania y otros países más fuertes). La economía griega es hoy 26 por ciento más chica que hace seis años, y enfrentan 26 por ciento de desempleo (más de 50 por ciento para jóvenes), todo con tal de evitar que quienes prestaron simplemente tengan que reconocer pérdidas por sus erradas prácticas de crédito.

De los cuatro grandes motores de la economía mundial –Estados Unidos, Europa, Japón, mercados emergentes/China– sólo el primero está funcionando. El hecho de que Estados Unidos terminara su proceso de impresión agresiva de dólares justo cuando Europa y Japón empiezan los propios, garantiza que el dólar se fortalecerá contra euro y yen a niveles que pueden resultar problemáticos. Entre otras razones, porque los precios de materias primas se miden en dólares, y la fortaleza de esa moneda baja los precios. En 1998, ante un entorno similar, el precio del petróleo se desplomó a diez dólares por barril.

¿Y México? México se beneficiará de la recuperación estadounidense. Quizá ambas economías crezcan lo mismo, poco más de 3.0 por ciento. Sin embargo, la torpeza política de la administración peñista que premia paros y conflictos, la colosal falta de transparencia y la larga fila de corruptelas que seguirán apareciendo, garantizan que en un año electoral la volatilidad estará a la orden del día.

La administración peñista tiene que darse cuenta de que, además de los retos internos, el entorno internacional puede volverse crecientemente complicado.

Twitter: @jorgesuarezv

También te puede interesar:
La falta de transparencia nos costará a todos
En París y Ayotzinapa protestamos consecuencias y no causas
Y el PRI, ¿qué piensa de EPN?​