Opinión

Cossío y fin del mito constitucional

José Ramón Cossío Díaz, el ministro de la Corte Suprema que ingresará hoy en la noche a El Colegio Nacional, es una de las figuras más significativas de lo que podría llamar el nuevo constitucionalismo mexicano. Y sus estudios pudieran ser la base de la revisión de la carta magna.

En uno de sus textos constitucionales más importantes, Dogmática Constitucional y régimen autoritario (Editorial Fontamara 1998), Cossío tuvo el atrevimiento de romper con los dogmas de los estudios constitucionales que convirtieron a la Constitución en el Nuevo Testamento mexicano, muy propio de la liturgia política del sistema priista y de los institutos jurídicos como seminarios de la religión constitucional.

Para Cossío la Constitución se estudió no en sus términos de técnica jurídica y normativa sino de sus “funciones de apoyo al régimen”, llevando a lo que llamó “la trivialización del estudio de la Constitución”.

Los enfoques políticos del estudio de la Constitución se convirtieron en mecanismos de cohesión autoritaria de la relación entre la Constitución y el régimen autoritario.

En su ensayo, Cossío plantea el principal problema de la Constitución actual: su diseño y fundamentación se hizo en función del régimen autoritario del PRI y su conceptualización y contenido no ha cambiado a pesar de que el régimen es otro: “la desaparición de las condiciones de dominación política imperantes en el país en los últimos setenta años.”

El asunto llevaría a una crisis de conceptualización de la Constitución dos años después de publicado el ensayo por la derrota presidencial del PRI y el hecho de que la Constitución era, en resumen, el proyecto político de la clase priista gobernante. Pero la alternancia no llevó a un replanteamiento constitucional y el país siguió viviendo el tiempo bizarro entre una Constitución para el PRI y un PAN -antítesis histórica del PRI- en la presidencia de la república.

De ahí la propuesta de Cossío para debatir el contenido, perfil y sentido de la Constitución de 1917 en un tiempo histórico diferente: la construcción de un nuevo paradigma constitucional. Y la propuesta de Cossío no sólo es racional sino quizá se aparezca como la única posible en una sociedad política polarizada hasta el encono: pasar de una Constitución política a una Constitución normativa.

Por cómo se encuentra el país, será imposible mantener a la Constitución actual como proyecto de un PRI que apenas representa un tercio de la nación y una Revolución Mexicana como proyecto liquidado por Carlos Salinas de Gortari en 1992, pero más imposible aún suponer que el PRD o el PAN pudieran reconstruir el consenso mayoritario. De ahí la tesis de Cossío:

“Hoy en día, cuando nos hemos insertado en los procesos de transición democrática, se hace necesario comenzar por sustituir el paradigma para llevar a cabo el estudio de la Constitución. Creo que el nuevo paradigma habrá de ser normativo y esto no es una preferencia personal de varios años, sino por la fuerza misma de las cosas: en el actual momento de la vida del país las distintas fuerzas políticas tienen como único referente a la Constitución.”

El México de 1910-1917 es diferente al del siglo XXI. La Constitución, señala Cossío, se vio en el centro de un círculo dependiente: analizarla con relación al “tipo de dominación política” que había entonces. La dependencia se convirtió en un círculo vicioso: un grupo dominante redactó la Constitución y ésta prohijó un régimen político que a su vez se legitimaba en razón de la aplicación de la misma Constitución.

El mensaje de Cossío es sencillo: hoy el país es más democrático y plural y la Constitución no debe seguir como un documento que respondía a otro régimen político autoritario de partido histórico.