Opinión

Cosas de Twitter

   
1
   

  

Aunque por ahora la vente  de Twitter luce improbable, Salesforce podría hacerlo funcionar

Es el primer viernes que publico aquí en EL FINANCIERO. Por tratarse de la entrada de fin de semana procuraré hacer textos de temas más ligeros, o tratarlos de esa forma, para sentir que entramos a los días de descanso. En esta ocasión quiero compartir un par de anécdotas en Twitter que me han llamado la atención respecto de lo que ve y espera mucha gente de esa red social.

Me parece que Twitter es, no recuerdo quién la describió así, como una cantina: un lugar en el que cada quién trae su conversación, por lo que a cada quién sólo le interesa su mesa, salvo que hubiese golpes en otro lado. La gritería puede ser tal que nadie escucha a nadie. Umberto Eco decía que las redes le habían dado el derecho a opinar a “legiones de idiotas que antes sólo hablaban en el bar después de un vaso de vino sin dañar a la comunidad”. Debo suponer que entro en la definición del filósofo porque soy usuario (él también tenía cuenta en Twitter), aunque es una red en la que –todavía– me divierto mucho.

Hay gente que cree que esa red es un foro de debate, un espacio de la academia para discutir e intercambiar ideas. Por supuesto que uno encuentra gente ingeniosa, con talento y sentido del humor o quienes difunden conocimiento (artículos, reportajes, ensayos). Pero hay quien piensa que es una agencia de información y que todo lo que sale ahí es verdad: videos truqueados, memes, notas falsas son la constante, pero la solemnidad de algunos los lleva a tomárselo a pecho todo. En días pasados tuiteé un video en el que supuestamente el Peje estaba tomado hablando del Quijote. El tipo habla lento, muy lento, piensa en abonos. Así que le bajaron un poco la velocidad al habla y por supuesto que parecía estar borracho. Lo puse en Twitter y me cayeron, no miento, cientos de tuits de 'pejelandia' mentándome la madre, diciendo que yo lo edité y que eso era guerra sucia, hubo quien me exigió que me disculpara públicamente y hasta quien pedía demandarme por “mentir a las audiencias”. Con su reacción lograron que el video se viera más. Es como enojarse porque los videos en que a Trump y Hillary los doblaron cantando en el debate no fueran los de verdad. Están locos.

El otro caso es de un personaje menor, pero no menos cretino: el oscuro locutor de Televisa Genaro Lozano. Si uno entra a Televisa y ve a un directivo caminar, atrás de él repta y murmura Genaro. Esa es su escasa fama. Es un tipo que roza la cuarentena y conduce programas juveniles, una especie de Chabelo pero del ITAM. Congraciado con su mecenas Denise Dresser, la defiende a capa y espada. La señora Dresser tuiteó un video a la red en la que hace un baile juvenil con una jovencita para decirle adiós al PRI. No hace falta decir que el video es absolutamente ridículo. Lozano me dijo “ardido” me increpó para saber cómo bailaba mi hermana e hizo alusiones a mi familia y su “espíritu censor”. Pobre. Se molesta porque uno difunde lo que su defendida difundió y lo toma personal. Twitter no es un álbum fotográfico para verlo con la familia, sino una red donde cualquiera observa.

Es el problema de sentirse importante en una red en la que lo que predomina es el anonimato.

Twitter: @JuanIZavala

También te puede interesar:
El voto por la cárcel
Vocación de conflicto