Opinión

Cosas de Sciascia

Gil abandonó el mullido sillón y caminó sobre la duela de cedro blanco. Ante los libreros, Gil encontró los viejos ejemplares de Leonardo Sciascia, el escritor italiano que podría definir en sus relatos algo esencial de los días mexicanos. Sciascia nació en una pequeño pueblo de Sicilia, Roccalmuto, en el año de 1921, y murió en Palermo el año de 1989. Games siguió a Sciascia en los años ochenta sin saber que volvería a él 25 años después. Gil arroja este puñado de subrayados a esta página del fondo.

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Los grandes beneficios hacen desaparecer los grandes principios, y los pequeños beneficios hacen desaparecer los pequeños fanatismos.
Todo Modo

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Lo que le diferenciaba de los demás era que ninguno de éstos podía amenazarle con revelar malversaciones y corrupciones por el simple hecho de que todos, digo todos, se habían aprovechado de los delitos cometidos por Michelozzi. El corrompido no puede provocar la caída del corruptor sin quedar sepultado bajo los mismos escombros.

Todo modo

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De la misma forma en que me asustaría ser sacerdote, me asustaría más ser juez. Las palabras de Cristo son tremendas: “No juzguéis para no ser juzgados”. No prohíbe juzgar, pero pone esta acción en directa e inevitable relación con la de ser juzgado. “Saca primero la viga de tu ojo, y entonces sacarás la paja del ojo de tu hermano”. Fíjense: la viga en el ojo del que juzga, la paja en el ojo del que es juzgado. ¿No habrá querido decir que sólo juzgan los peores, que solo ellos eligen juzgar, que pueden juzgar en base a sus culpas, a su culpa, pero sólo después de haberse confesado y librado de ellas?

Todo modo

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¿Cómo fue su infancia? ¿Feliz, desgraciada? Espero por su bien que haya sido desgraciada, porque las infancias felices engendran tedio, tristeza y maldad.
Todo Modo

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Pues el hilo… –dijo confuso, y en voz baja. El hilo del dinero, de los intereses, de los negocios, de los chantajes. Ese es el único hilo posible.

Todo modo

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Nadie merece ser alabado por su bondad si no tiene la fuerza de ser malo.

Todo modo

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Cualquier tipo de bondad no es, la mayoría de las veces, más que pereza o impotencia de la voluntad.

Todo modo

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Y así, por el ansía de no perder ciertas alegrías apenas degustadas, por la avaricia innata, por el oscuro desprecio hacia sus propios semejantes, apresando con premura la ocasión que la suerte le brindaba, sabiendo que corría grave riesgo, Guiseppe Vella se convirtió en el protagonista de la gran impostura.

Los archivos de Egipto

(Privilegio y poder)

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Así es como se obró con él. Peor aún: en la oscura, tenebrosa, oculta realización del asesinato legal. Ninguna razón hubiera debido impedir que se intentase evitar que ello ocurriera: y menos aún la que recibe el nombre de razón de Estado; de un estado que ha desechado el tormento y el horror de la pena de muerte.

El caso Moro
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Aparece aquí la palabra que por primera vez Moro escribe con su más atroz desnudez: esa palabra que finalmente se le ha revelado en su verdadero, profundo y podrido significado: la palabra “poder”. Para el poder y del poder había vivido hasta las nueve de la mañana de ese 16 de marzo. Confió en poseerlo todavía: acaso para volver a asumirlo plenamente y, con toda seguridad, par evitar tener que enfrentarse con la muerte. Pero ahora sabe que el poder lo tienen los otros: reconoce en los otros su rostro estúpido, sucio, feroz. En los “amigos”, “en los incondicionales de las horas alegres”, como escribió en su última carta. Las macabras y obscenas horas alegres del poder.

El Caso Moro

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Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los meseros vienen con charolas que sostienen Glenfiddich 15, Gil pondrá a circular está máxima de Malraux en el mantel tan blanco: “Si de veras llegáramos a comprender, ya no podríamos juzgar”.

Gil s’en va