Opinión

Cosa pública: preguntas y respuestas

10 febrero 2014 4:7 Última actualización 08 octubre 2013 5:2

 
Fernando Curiel
 
 
Para Virginia Guedea
 
 
Nota cultural. Si el lector anda por Altavista, en el sur, puede conectar un notable documental y la más reciente exposición del Museo Carrillo Gil (y rematar en el cercano mercado de carnitas, sobre Avenida Revolución).
 
 
El documental, sostenido por una antología de escenas y rostros míticos, y entrevistas sin pierde a decenas de colegas cinefotógrafos, versa sobre la obra (ya clásica) de Gabriel Figueroa.
 
 
La exposición, por su parte, es un comentario (“instalaciones” y “dispositivos”) del pintor y diseñador industrial Carlos Aguirre a la obra (dibujo, pintura) de José Clemente Orozco; parte de los 164 “orozcos” que posee el MCG. Empresa en la que Aguirre, ex del colectivo Proceso Pentágono, se acompaña, entre otros (académicos, creadores), de los cuates Marta Lamas y Felipe Leal.
 
 
Lo de “conectar” no es mera habladuría. Cuadros hay de Orozco que son tomas de Figueroa (y viceversa). Dejo para otra ocasión un amplio comentario.
 
 
Ahora: al grano. En 1961, el general Lázaro Cárdenas encabezó el llamado Movimiento de Liberación Nacional, en defensa del alicaído Nacionalismo Revolucionario y de la vocación popular y reparadora del estallido de 1910, y contra las tendencias retrógradas de la Familia Revolucionaria (Cosío Villegas, entre otros, habla de Neoporfirismo).
 
 
Gobernaba todavía no indefensa presa de la brutal aneurisma, Adolfo López Mateos; vasconcelista cuando joven.
 
 
Pregunta: ¿guarda relación, con el MLN, del 61, el más reciente numerito, al alimón, del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y del licenciado Andrés Manuel López Obrador (agua y aceite por lustros), en defensa, arguyen, de nuestro petróleo?
 
 
Pero no sólo eso. En paquete, amén de contra la reforma energética del PRI (más publicitada que presentada), la agarraron contra la ya legislada reforma educativa (por quebrantar, dicen, derechos laborales) y contra la, cocinándose, reforma hacendaria. No y no y no.
 
 
Respuesta: en modo alguno hay punto de semejanza, salvo la “marca” (que en puritita mercadotecnia, con frutos económicos y políticos, andamos). ¿Qué marca? La marca Cárdenas.
Veamos los abajofirmantes. El general había presidido (así se decía) los destinos nacionales de 1934 a 1940. Fue, el suyo, un “revival” de la Revolución Mexicana. Prueba extrema: la expropiación petrolera.
 
 
El ingeniero y el licenciado, luego de (en perspectiva) anodinos desempeños públicos, incomparables con el cardenismo auténtico, sueñan, sueño todo lo indica así, imposible (pesadilla entonces) con sentarse en la Silla.
 
 
Más aún, otros dos de los signantes, Porfirio Muñoz Ledo y Manuel Camacho Solís, padecieron (¿o padecen aún?) del mismo mal. Por lo que su documento, dado a conocer el viernes 19 de enero, bien podría llamarse el Manifiesto de los Suspirantes.
 
 
Al texto se suman figuras que ya lo fueron y figuras que no lo son (ni lo serán).
 
 
Veamos los correligionarios. La movida del general, además de clonar otras del mismo tipo en aquella Latinoamérica de los sesenta, atrajo valiosísimas simpatías.
 
 
En el campo político, la de una izquierda probándose en las huelgas magisteriales y ferrocarrileras (las más llamativas); perseguida, en ocasiones, clandestina.
 
 
En el campo cultural, la de la parte granada de la Generación del Medio Siglo (la de la revista del mismo nombre, Facultad de Derecho, Mario de la Cueva padrino); la de Carlos Fuentes, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, Francisco López Cámara, Pablo González Casanova, Porfirio Muñoz Ledo (y Javier Wimer, y Sergio Pitol, y Luis Prieto).
 
 
Simpatía por el MLN con sus medios de expresión crítica: las revistas El Espectador, Política, Siempre!     
 
 
Veamos los contextos. En 61, se cumplían dos años de la Revolución Cubana, que la intelectualidad de aquí reputó de a devis; en tanto que la mexicana, o era pequeñoburquesa, o ya había muerto, o avergonzaba por su falta de ideas, su analfabetismo, su agrafía. ¡En cambio la isleña, proeza de intelectuales!
 
 
Por el contrario, en 2013, la utopía caribeña se resuelve en dictadura familiar, Estado policial, hegemonía, carestía y sojuzgamiento popular; lamentable desenlace que arrastra al otro paradigma, ése de los setentas: el sandinismo (presente lo tengo yo).
 
 
Otra pregunta.
 
 
En el motín anticiudadano y anticiudad de la Sección 22 del CNTE (que sigue y sigue), ¿existen, en el Centro Histórico, calles de primera y calles de segunda? ¿Permanecer, intocada Plateros y, en cambio, hollada, Moneda, se justifica?  
 
 
Sólo recuerdo que, como insistió en afirmar José E. Iturriaga, Moneda constituyó la principal calle intelectual del Nuevo Mundo, al tener, pegaditas, casi muro con muro, a la Primera Imprenta, a la Primera Universidad y a la Primera Academia de Artes; y que mi fervor por Plateros incluye un álbum fotográfico (Paseando por Plateros, 1981) y, en preparación, un libro de crónicas y memorias.
 
 
Pero dejo al lector la respuesta a la segunda pregunta.