Opinión

Corrupción

 
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[Andrés Granier/Cuartoscuro]

Hemos vivido tantas décadas con este cáncer degradante y contagioso, que se han acuñado en la sabiduría popular dichos como “si no importa que roben, pero que salpiquen” o “el que no transa no avanza”.

El reciente estudio sobre corrupción presentado por el CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas) y el Imco (Instituto Mexicano para la Competitividad) nos ofrece una fotografía cruda, reveladora y preocupante de nuestro fenómeno. El rigor y la inteligencia de María Amparo Casar al frente de la investigación, es garantía de certeza y precisión.

Entre las conclusiones señalan el creciente gasto para el combate a la corrupción que no surte un efecto eficiente: es decir, en vez de reducir nuestros índices de corrupción, gastamos más en eliminarla y reducirla, el resultado es contrario.

Sólo 2.0 por ciento de los delitos de corrupción son castigados; de 444 denuncias ante la Auditoría Superior de la Federación en 14 años, sólo siete concluyeron en consignación de responsables.

A la corrupción enquistada en funciones públicas de todos los niveles, de todos los gobiernos, de todos los partidos, se suma la impunidad de delitos y fallas que no se castigan. ¿Cómo podremos eliminar esta grave enfermedad social si no la perseguimos, atacamos, castigamos y sancionamos?

Esto equivale a impulsar la difusión de células malignas y contagiosas en un sistema que, tarde o temprano, se pudrirá en la infección total.

Es como si el sistema todo se hubiera diseñado y construido sobre la base de la corrupción, el conflicto de interés, el desvío de fondos, el peculado.

Los políticos abusan del sofisticado sistema judicial para presentar denuncias y pruebas, impulsar una investigación que será sobreseída, cancelada, eliminada, con frecuencia, por intereses políticos de colusión y complicidad.

Hace apenas unas semanas, la augusta Cámara de Diputados (LXII Legislatura) que pretende pasar a la historia como la más productiva y eficiente de la modernidad mexicana, canceló abruptamente tres comisiones especiales que investigaban asuntos de corrupción: la del caso Oceanografía y las oscuras transacciones con Pemex y el monumental fraude bancario a Banamex; la del escandaloso caso Monex y sus tarjetas de transferencia de dineros para fines electorales en 2012; y la de la Línea 12 del Metro y el monumental gasto de 46 mil millones de pesos en una obra que no funciona en su totalidad y que aporta sobrada evidencia de errores, opacidad, torpeza y dineros inexplicables.

La primera afecta a servidores de administraciones panistas; la segunda al PRI y su aparato de campaña en 2012, y la tercera al PRD y al hoy defenestrado Marcelo Ebrard.

Los tres partidos acordaron en lo oscurito, con miras a los escenarios electorales, quitarse cada uno molestas y graves investigaciones para limpiar su reciente y cuestionable pasado.

Los aparatos del Estado, rehenes de los gobiernos y los partidos, resultan incapaces para atajar la corrupción, frenarla, extirparla y castigar ejemplarmente a los culpables.

Son decisiones políticas, que dependen de la voluntad de quienes ocupan el cargo. Andrés Granier, exgobernador de Tabasco, fue a la cárcel por la voluntad de su sucesor Arturo Núñez, quien decidió abrir una investigación donde encontró pocas cosas. Por cierto, que lo acaban de exonerar por lavado de dinero, aunque aún no es liberado.

¿Dónde están los Padrés, Ebrard, Romo, Sabines, Aguirre, Estrada Cajigal, Loyola, Medina? ¿Dónde están los expedientes y las averiguaciones sobre todos estos personajes de la vida pública, sobre quienes pesan señalamientos fundados de conductas deshonrosas e ilegales? Parece que siempre depende de la voluntad política.

La corrupción seguirá mientras no sea castigada, perseguida, sancionada. Los políticos en cargos públicos tienen la creencia de que están para siempre y de que sus sucesores, son siempre incapaces mentales.

Twitter: @LKourchenko

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