Opinión

Corrupción y transparencia

 
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Corrupción. (ciudadanosenred.com.mx)

La etimología de la palabra corrupción es demasiado elocuente, pero insuficiente para entenderla cómo es el día de hoy, o mejor dicho cómo ha evolucionado desde el sentido latino de la corresponsabilidad en la destrucción de algo, para incorporarle un ingrediente de ética al calificarla como un vicio y hasta llegar a una problemática mundial de la que México forma parte al adjetivar la corrupción con la palabra política.

La voz latina corruptio sin mayores declinaciones del latín no significa más que desgarrar algo en forma conjunta o hacerla pedazos. Qué gran sentido tiene esta referencia latina al trasladar lo coloquial del concepto a la realidad social, económica y política de cualquier país: deshacer, romper, destruir tejido social, bases económicas, confiabilidad institucional y credibilidad política.

A lo anterior se le agrega un componente que se sustenta en la conducta humana, y que por lo tanto es de carácter ético y es así que la corrupción se torna en un acto de perversión, abuso y daño (en un sentido moral) de las cosas. Y dice la Real Academia Española de la Lengua: “… de las cosas no materiales”. Por lo tanto, la corrupción en un sentido de ética le es inherente la idea de una depravación moral o de carácter simbólico.

Sin embargo, al día de hoy, en el contexto actual del mundo y de México la manifestación más concreta de la corrupción es la corrupción política y ésta no es más que el abuso y la perversión del poder público para la obtención de un beneficio esencialmente económico o lucrativo para sí o para terceros.

La amplitud conceptual del término corrupción política exige tipificarla en acciones u omisiones muy concretas y específicas en las que se expresa la corrupción.

La corrupción admite a cualquier individuo sin distinción de género, clase social o nivel de educación.

Al respecto, a guisa de ejemplo, Julie Katzman, vicepresidenta ejecutiva del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que la corrupción no es un tema de género. La propia Katzman desmitifica la visión sexista de que las mujeres son menos corruptas que los hombres.

Forman parte también de esta mitología, postulados como: en los países ricos no hay corrupción, pero sí en los países pobres o en desarrollo, lo cual a la vez se traslada a una concepción no marxista de las clases sociales.

Sin embargo, sí puede señalarse como integrantes subjetivos de la corrupción a dos perfiles prototípicos: a una persona que ejerza poder público/político y a una persona del entorno privado.

Lo anterior supone una serie variada de relaciones de corrupción, de la cual la más conocida es la que vincula el ejercicio de la función pública con la necesidad o interés de un particular, aunque dicho sea de paso no es la única fórmula de actuación. Por ejemplo, puede entenderse como un acto de corrupción los acuerdos monopólicos horizontales y verticales que dañan la competencia económica.

La transparencia es otro concepto que nace en lo coloquial para trasladarse al ámbito de los asuntos públicos.

Para darle realidad o eficacia a la transparencia se apoya una serie de figuras o instituciones, tales como el derecho fundamental del acceso a la información o el establecimiento de políticas públicas de rendición de cuentas.

Por lo tanto, es obvio que existe una relación importante y complementaria entre la transparencia y el combate a la corrupción, sin que signifiquen lo mismo.

Sin embargo, esta diferencia ha generado la principal consecuencia de la corrupción: la impunidad.

Esto es así cuando se pretende darle a la transparencia un sentido de panacea que abatirá la corrupción de una sola vez. Quienes comprendan así a la transparencia tienen una idea errada y sobredimensionada.

Pero esto no es así: la transparencia permite ubicar a través del acceso a la información o de la rendición de cuentas cómo funciona la estructura pública y por qué se decidió tomar tal o cual decisión.

Colateralmente, se puede arribar a la identificación de actos de corrupción. Pero hasta ahí juega el papel de la transparencia.

Para ello, requiere la presencia de una comparsa sustantiva que puede calificarse como el combate a la corrupción.

Si sólo nos quedamos en el universo de la transparencia y no se comprende la dimensión justa de la misma, el círculo es incompleto y entonces persiste el tema de la impunidad.

El autor es comisionado del INAI.

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