Opinión

Corrupción y futuro

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Dilma Rousseff

Si no pasa nada extraordinario, hoy, mientras usted lee estas líneas, el Senado brasileño estará discutiendo, y votando, el desafuero de Dilma Rouseff. Como usted recordará, hace unas semanas se realizó la votación en la Cámara de Diputados, donde se requerían dos terceras partes de los votos para avanzar en el proceso, y se alcanzaron. El siguiente paso, el día de hoy, es una votación en el Senado que requiere sólo mayoría simple. En caso de ocurrir, la presidenta deja de serlo, es investigada por 180 días, y a más tardar entonces se votará su reincorporación al puesto o su separación definitiva.

La política brasileña está en una situación muy complicada. Abunda la información acerca de la corrupción, desde casos 'relativamente' menores como el que sirvió de excusa al proceso contra Dilma, que consiste en manejos contables inescrupulosos para ampliar el déficit público y financiar programas sociales que le permitieron la reelección, hasta cohecho pleno, en compras de gobierno y obras públicas. Buena parte de los diputados que votaron a favor del desafuero de Dilma son sospechosos de corrupción, y es cuestión de días para que los procesen, como ya ocurrió con quien era el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, quien fue destituido hace una semana por la Suprema Corte.

Su sustituto, Waldir Maranhao, tuvo la ocurrencia de declarar improcedente el desafuero, argumentando vicios de procedimiento. El Senado no tomó en cuenta su opinión, me imagino que con razón, porque un presidente de cámara normalmente no puede revertir un voto del Pleno, en ninguna parte del mundo. Pero tal vez sus reclamos de fallas procedimentales puedan convertirse en un caso judicial y la Corte tenga que decidir al respecto. Ya será después, porque hoy, como le decía, si no pasa nada muy raro, Dilma deja la presidencia del Brasil.

En su lugar quedará el actual vicepresidente, Michel Temer, líder del partido del Movimiento Democrático Brasileño, un partido que ha estado en todos los gobiernos de Brasil desde el regreso de la democracia. El primer presidente, Tancredo Neves, era miembro del grupo político, lo mismo que su reemplazante, José Sarney. También lo fue Itamar Franco, de forma que Temer será el cuarto presidente de esta institución, que con ello también será la que más presidentes ha aportado en esta etapa democrática de Brasil.

Ya decíamos que el pleito no termina ahora, porque además de la denuncia de Maranhao acerca del proceso seguido en Diputados, hay varias acusaciones adicionales contra Dilma, otras más contra Lula, y para estas fechas ya es raro el político brasileño que no enfrenta un proceso. Y no sólo los políticos, también los empresarios participantes en la corrupción están siendo investigados y procesados. Marcelo Odebrecht, uno de los empresarios más importantes de ese país, director de la constructora que lleva su apellido, fundada por su abuelo, ha sido condenado a 19 años de prisión.

Para nosotros, es fuente de envidia este proceso de construcción del Imperio de la Ley. Tenemos una economía más dinámica, abierta y sólida que la de Brasil, y mejores perspectivas demográficas, y lo único que nos falta es precisamente lo que Brasil está haciendo ahora: imponer la ley a todos, sin distingo, sin importar el poder político o el económico. En la ruta futura, no sé qué lastre pesará más, si la ineficiencia de ellos o la corrupción de nosotros. Preferiría que ambos decidiéramos tirar lo que nos estorba. En lo que ellos deciden su camino, empujemos nosotros la fiscalía de la nación y el sistema anticorrupción. Insisto, es lo único que nos falta.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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