Opinión

Corrupción: Peña vs. Peña

Entre sus cualidades políticas, Enrique Peña Nieto ha mostrado unos reflejos excepcionales, sobretodo cuando un funcionario se transforma en lastre. La prioridad es salvaguardar la imagen presidencial y del gobierno. Destacadamente, las renuncias de Humberto Benítez Treviño (Profeco), Fausto Alzati (SEP) o Jesús Ramírez Stabros (Presidencia) fueron rápidamente instrumentadas antes de que el foco amarillo pasara a rojo.

Otra cualidad, no menor, ha sido sostener a sus funcionarios cuando ello lo amerita. El presidente estadounidense Harry Truman comentó en cierta ocasión que los cambios en su gabinete no los decidían los periodistas. Peña puede modernizar el dicho: no despide a alguien porque se convierte en trending topic de Twitter. Jesús Murillo Karam se sometió a un riguroso e inusual escrutinio por los medios (¿cuántos funcionarios se arriesgan a una conferencia de prensa sobre un tema que tiene los reflectores nacionales e internacionales encima?). Fue riguroso y cuidadoso hasta que, al final, vino el tropiezo del “ya me cansé” (transformado en #yamecanse). Unos segundos que no ameritaban, en lo absoluto, el cese fulminante que clamaban las masas. Y, efectivamente, permanece en su puesto.

Pero ahora Peña enfrenta a Peña, y ahí el dilema no tiene solución. Más bien, el presidente no está dispuesto a enfrentar la única solución. Ha recurrido sólo a paliativos: canceló de manera tan tajante como misteriosa la concesión del malhadado tren México-Querétaro (malhadado porque no es un proyecto con solidez financiera de largo plazo, lo mismo que el México-Toluca) y su esposa venderá la ahora famosa "casa blanca". Dichas acciones muestran los reflejos peñistas: la concesión pudo ser correcta, la casa pudo ser adquirida sin violar la ley, pero había que evitar que tren o casa (sobre todo la suntuosa residencia) se convirtieran en símbolos.

Pero símbolos y apariencias muchas veces reflejan sustancia. El comunicado oficial de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes estableció que “en razón de las dudas e inquietudes que han surgido en la opinión pública… Peña Nieto, instruyó a la Secretaría… reponer la convocatoria (del tren)”. Pues las “dudas e inquietudes” sobre la relación de Peña con Grupo Higa son todavía más numerosas y profundas. Ameritan la misma contundente respuesta.

Esa respuesta sería el gran salto en materia de corrupción. Casi el equivalente a que Peña comprara un vocho y, como su homólogo de Uruguay, lo usara para transportarse (o una combi, tratándose de una familia numerosa). Porque no es sólo la corrupción que campea en el país, sino su abundante apariencia. Las casas, coches, viajes, vestimentas, relojes, fiestas de aquellos que están en, o han transitado por, el poder.

Fiscalías y leyes anticorrupción nunca sobran, pero los mexicanos llevan décadas con el gobernante de turno presentando medidas similares como el elixir que transformará a México en un país tan corrupto como Suecia. Hace falta mucho más, pero no ocurrirá, puesto que Peña (el presidente) tendría que enfrentar y transparentar a Peña (el lastre del gobierno). Por supuesto, tampoco puede despedirse a sí mismo.

Twitter: @econokafka