Opinión

Corrupción, más corrupción


 
Dos fenómenos han detonado mayor corrupción en México en los últimos años. Por una parte, la enorme liquidez de la economía gubernamental producto de los altos precios del petróleo; por la otra, la fragmentación del poder político, que ha abierto las puertas del negocio a gobernadores, alcaldes, diputados, delegados y a un sinfín de burócratas que antes, durante el periodo del presidencialismo hegemónico, estaban excluidos de la repartición del pastel.
 
México es hoy más corrupto que hace apenas 15 años. Así lo sugieren los índices de Transparencia Internacional y del Banco Mundial, así como la evidencia periodística. Parecieraque cada vez hay más políticos y funcionarios en todos los ámbitos de gobierno que abusan del poder en beneficio propio: desde pedir comisión para asignar un contrato de obra pública hasta la modalidad más rupestre de la corrupción que es el peculado —sacar dinero de la caja y robarlo. No hay excepción: cada vez que pregunto a un empresario —sea constructor, financiero, restaurantero o de la industria de telecomunicaciones,  todos afirman que hay más corrupción que hace una década, tanto por las comisiones que se piden —el famoso diezmo se ha duplicado en muchas regiones y sectores— como por la frecuencia con que se exige un pago.
 
Cuando Vicente Fox ganó la presidencia de la Republica en 2000,  prometió limpiar la casa de las “víboras y tepocatas del PRI”, a quienes acusaba de ser los causantes de la corrupción nacional. Pero sabemos ahora que la corrupción floreció en Pemex durante su administración. Felipe Calderón hizo campaña bajo el lema “Manos Limpias” y cuestionó severamente al PRI por su presunta corrupción. Pero su ex secretario particular, César Nava, ha sido involucrado en un acto de presunta corrupción en la petrolera y circulan anécdotas de que durante esos años la industria de la construcción habría estado sometida a mayor exigencia de comisiones y una suerte de extorsión desde muchas áreas del gobierno.
 
La corrupción no es patrimonio de un partido o grupo, sino un problema sistémico del país. El sábado pasado, por ejemplo, la PGR detuvo a José Manuel Sainz, ex tesorero del gobierno de Tabasco de Andrés Granier (PRI), acusado de desviar 1,200 millones de pesos. Pero también hay una acusación en contra del ex gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso (PAN), a quien se le acusa de peculado por la desaparición de un tomógrafo para pagar sobornos a diputados de su entidad. Y en el Distrito Federal, hay muchas acusaciones de corrupción en contra de delegados del PRD y funcionarios de la actual administración.
 
Igual que la extorsión que practica el crimen organizado, la corrupción es una forma de impuesto a los negocios y la actividad productiva. Aunque la padecen, muchos empresarios han aprendido a tolerarla y, en ocasiones, a propiciarla cuando es para obtener ventaja y acceder a contratos de gobierno. Una parte del sector privado mexicano es parte del problema y muchas cámaras empresariales, en lugar de denunciar la práctica, han aprendido a cabildear con gobernadores y funcionarios para atraer negocios a sus agremiados, en lugar de construir un piso parejo de competencia e integridad.
 
Hace un par de años platicaba con miembros de una cámara empresarial en una entidad del país. Se quejaban agriamente de que el “hermano del gobernador” cobraba comisiones muy altas para ganar concursos de obra pública. Cuando sugerí que denunciaran la práctica frente a los medios de comunicación, todos se rehusaron: preferían la buena relación con el gobierno que combatir un problema que afectaba a todos. Así ocurre en la mayoría de los casos: los empresarios se quejan en privado pero nadie se organiza para procurar mayor integridad en el trato con los gobiernos.
 
Combatir la corrupción demanda más que la buena voluntad de los gobernantes. Requiere también del liderazgo del sector empresarial. Si son tan activos para exigir un sistema fiscal competitivo, los líderes empresariales también deben serlo para evitar impuestos discriminatorios y abusivos como aquellos que propicia la corrupción.
 
 
@LCUgalde