Opinión

Corrupción, la maldita corrupción, nuevamente bajo los reflectores

  
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Corrupción. (definicion.de)

La corrupción es un cáncer que padece nuestra sociedad desde tiempo inmemorial- pues ya era evidente en el sistema colonial- y es causa de daños irreparables no sólo para la economía de nuestro país, sino para la sana convivencia entre los mexicanos.

El pasado 17 de marzo, en su discurso de toma de posesión, el presidente entrante de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, en la misma línea que su antecesor, Juan Pablo Castañón, y frente al Presidente Peña Nieto, consideró que construir y consolidar el Estado de derecho en México es condición indispensable para lograr la transformación del país y convocó a emprender un combate frontal a la corrupción y la impunidad. “La fragilidad del Estado de Derecho en México no es consistente con el lugar que ocupa nuestro país como una de las economías más desarrolladas del mundo”, externó Gustavo de Hoyos.

El Señor Presidente, en respuesta a lo dicho por Gustavo de Hoyos, señaló que la corrupción también se da en el sector empresarial y que en muchas ocasiones sector público y privado van de la mano.

De acuerdo con usted, Sr. Presidente, y de acuerdo también con lo dicho por el Presidente de la Coparmex. Ambos tienen razón.

Pero lo importante es que pasemos de los dichos a los hechos y ya llegó el momento. No podemos continuar como estamos y ocupar el lugar 103 en el concierto de las naciones en materia de corrupción, de acuerdo al índice de Transparencia Internacional, para vergüenza de nuestro país. Los mexicanos estamos hartos, verdaderamente hartos de la corrupción desde todos los niveles de gobierno, incluyendo los más altos, e inclusive desde la sociedad misma y hemos pasado de la crítica a la acción, particularmente a través de impulsar la llamada Ley3de3, instrumentada por reconocidas instituciones de la sociedad civil y presentada al Congreso para su aprobación, acompañada por más de 300,000 firmas ciudadanas, más del doble del objetivo inicialmente trazado. Algo inédito, pero representativo del hastío de la ciudadanía y su deseo de actuar, por lo menos en este primer paso. Estamos atentos a la reacción de los señores congresistas en relación a este acto de la sociedad mexicana a la que se deben ¿Impulsarán la propuesta tal como se presentó? ¿La pasarán al rincón del olvido? ¿Intentarán mejorarla? ¿Procurarán “descafeinarla” como ya lo están intentando el insigne Partido Revolucionario Institucional acompañado de su hermano menor, el Partido Verde Ecologista, para vergüenza de ambos? Los ciudadanos estamos dando puntual seguimiento a estos acontecimientos y hemos propuesto, entre otras cosas, que llegado el momento señalemos, por nombre, a los legisladores que se opongan a la Ley 3de3 o que intenten “descafeinarla”. Nuestros representantes tienen una oportunidad y un riesgo: Atender con prontitud los reclamos de la sociedad, lo que abonaría a favor de su imagen, o rechazarlos a la luz, en el fondo, de que afectan a sus propios intereses y los de sus partidos.

Y en relación a la corrupción ¿Qué sucede con los informes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) que revelan cientos de probables actos de corrupción y que se archivan en el rincón del olvido? Estos informes no son sólo un mecanismo de denuncia de posibles irregularidades o actos de corrupción, sino que son también una valiosa guía para mejorar el desempeño de la administración pública. Tomando en cuenta la solvencia técnica de la ASF, es lamentable que sus informes no tengan consecuencias y que la gran mayoría de las irregularidades detectadas queden impunes. Es deseable que en el procesamiento de las leyes secundarias de la reforma constitucional que creó el Sistema Nacional Anticorrupción, la ASF, como parte integrante del Sistema, se vea fortalecida, lo que implica: blindar su autonomía, ampliar sus facultades (no sólo auditar e informar, sino también prevenir y corregir) y otorgarle los recursos financieros, legales y técnicos necesarios para cumplir debidamente con su papel.

La sociedad mexicana ha llegado a un punto importante de su desarrollo que exige certeza y juego limpio a la administración. Los escándalos de la Casa Blanca de Peña Nieto y la respectiva del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, acreditan advertencias sobre “el ojo avizor” de los nuevos tiempos y la respectiva insatisfacción social con la clase política nacional. Lo que está sucediendo en Brasil en relación a los escándalos de corrupción atribuidos a su expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y a su Presidenta Dilma Rousseff son ejemplos de lo que empieza a suceder en Latinoamérica. Y en México ¿Hasta cuándo?

Mañana será otro día

*Presidente de Sociedad en Movimiento
Alberto.nunez33@gmail.com

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