Opinión

Corrupción, el flagelo de la democracia

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[Bloomberg] La divisa local cerró en 12.7281 unidades frente al billete verde.

La economía sucia, el narcotráfico, la estafa, el fraude y la corrupción son plagas contemporáneas cobijadas por ese antivalor, ese que sostiene que somos más felices si nos enriquecemos sea como sea”.

José Mujica.

La democracia representativa, aquella prevista de pesos y contrapesos, que hoy se reviste de importantes herramientas como la exigencia de trasparencia de información y rendición de cuentas, se tambalea en su propia esencia por el cáncer llamado corrupción. Cáncer voraz que arrasa a su paso legitimidad, confianza, esperanza e instituciones, cuya destrucción amenaza el ADN de la propia convivencia social y del pacto social; nada parece contenerla; nada parece ser capaz de erradicarla.
Es la causante de la profunda irritación colectiva que reacciona cuestionando los propios fundamentos de la democracia y despreciando a sus instituciones, llámese congresos, partidos, sindicatos, etcétera, porque la representación del interés general se transforma un uso patrimonial del poder.

Hay quienes dicen: o democracia o corrupción, no puede ser que prevalezcan las dos.

Los complejos esquemas de rendición de cuentas (quién vigila al vigilante) no alcanzan efectividad (o cuando la alcanzan no tienen legitimidad) y sus parcos resultados han llevado a la pérdida del vínculo entre los ciudadanos y su gobierno y entre los ciudadanos y los propios partidos políticos.

Los ciudadanos somos testigos día a día de indignantes casos de corrupción sin que éstos se persigan hasta sus últimas consecuencias a pesar de tener un carácter dual de rendición de cuentas.
Parece que no contamos con garantías de que los gobernantes y representantes, electos de manera democrática, cumplan con su mandato bajo un esquema de honestidad, de manera responsable y responsiva, dejando el castigo expost a los procesos electorales.

México es una democracia representativa (aunque de baja calidad), en la cual hemos alcanzado competencia y pluralidad política pero la rendición de cuentas no ha permitido obtener la satisfacción de la democracia que se hace evidente en la encuesta de Latinobarómetro incrementándose la decepción año con año, y abriendo la brecha entre los principales y los agentes, entre aquellos a quienes hemos delegado los asuntos públicos y a quienes además otorgamos el pago de nuestros impuestos.

México, de acuerdo al Índice de Percepción sobre Corrupción que realiza Transparencia Internacional, se encuentra en el lugar 103 entre 176 (efectuado antes de la crisis desatada por el caso de Ayotzinapa), y en el último lugar de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Asimismo, según estimaciones elaboradas en 2013 por el Banco Mundial, la corrupción le cuesta a nuestro país 9.0 por ciento del PIB cada año, y de acuerdo a información del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, la cifra alcanza más de 10 por ciento del PIB. De ese tamaño es el cáncer, sin duda devastador.

Mayúscula la responsabilidad ciudadana de vigilar, de demandar, de exigir consecuencias. Mayúscula también la responsabilidad de los gobernantes y representantes, lo que se juega sin duda es la propia sobrevivencia de nuestra anhelada democracia.

Twitter: @SamuelAguilarS

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