Opinión

Corrupción, cartas de buena conducta y otras chicanas

Encuentren las coincidencias entre estos dos entrecomillados:
“En el Índice de Transparencia Internacional, México ocupa el vergonzoso lugar 106 de 177 naciones, y también estamos entre los peores lugares de América Latina”.

“Es muy notorio cómo son las mismas personas las que meten y meten recursos (…) Los recursos que interponen son porque no están satisfechos con la respuesta que les dimos, no porque les hayamos negado la información”.

Si no están entendiendo nada, no se apuren, no son ustedes los que están mal. Me explico. La primera frase la pronunció el lunes el presidente nacional panista, Ricardo Anaya, al anunciar una iniciativa anticorrupción. La segunda es la “explicación” del delegado panista Jorge Romero al hecho de que su demarcación sea la que más recursos de inconformidad tiene en 2014 por acceso denegado a solicitudes de información (Reforma 18/10/14, es decir dos días antes del anuncio de Anaya). Teoría y práctica blanquiazul, pues.

Antes de embarcarnos en una nueva reforma constitucional, e independientemente de que la propuesta anticorrupción pueda poseer virtudes, es pertinente demandar a los partidos prendas para las que no hace falta cambiar la Constitución, hechos para los que sólo es preciso establecer un nuevo criterio entre lo aceptable y lo no aceptable en sus filas.

Anaya no necesita de un cambio en la Constitución para comprometer, en público, a Jorge Romero a dejar ya las chicanadas y ofrecer máxima, y efectiva transparencia en la delegación panista. ¿No merecerán los fieles votantes del PAN en esa demarcación un gesto de congruencia para ser, en lo local, un ejemplo de gobierno abierto? Hoy son referente de gobierno opaco.

Si Anaya va en serio con su propuesta, si de verdad ya se siente el jefe nacional de su partido, entonces nada le cuesta entregar a la sociedad de Sonora una investigación creíble y verificable de lo que ocurrió con la presa del gobernador Guillermo Padrés. Y estos son apenas dos mínimos ejemplos.

El anuncio de Anaya llega luego de semanas de disparates partidistas por doquier. El PVEM, por ejemplo, pedirá a la PGR que valide la inocencia de sus militantes, esto para que les creamos que el verde queretano, detenido junto con Héctor Beltrán Leyva, era el prietito en el arroz pevemista. Ni siquiera en eso pueden ser originales los del PVEM. La senadora perredista michoacana Iris Vianey Mendoza, exhibida en bailes con familiares de narcos, pidió antes a la Procuraduría que la investigara para exculparla. Políticos que engañan con la verdad: la PGR no es agencia de expedición de cartas de buena conducta. Bien harían esos partidos en dejar de distraer con sus puntadas al procurador.

Como colofón de estos dislates tenemos el anuncio de que el Cisen ayudará a examinar los perfiles de los candidatos. Otra obviedad. Esa chamba la debe hacer ese órgano con o sin solicitud.

Estamos ante el festín de fingidos actos de contrición. Todo mundo sabe que los políticos conocen al dedillo pecados y virtudes de sus muchachos y muchachas de todos los rincones del país. La cuestión urgente es que, además de ganar elecciones, los partidos demuestren que pueden hacer buenos gobiernos, y actuar en consecuencia, aplicando correctivos, cuando no es así.

Antes de que los foros de análisis sobre la corrupción comiencen su danza en el Congreso, se requiere de muestras claras, indiscutibles y elementales, de que los partidos van a ejercer la mínima vergüenza. Sin eso, la nueva ley anticorrupción será un nuevo parto de los montes, una astuta manera de pedir, sin merecerlo, un borrón y cuenta nueva.

Twitter: @SalCamarena