Opinión

Corrupción

 
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Virgilio Andrade.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó las declaraciones del enérgico secretario de la Función Pública, don Virgilio Andrade: “el asunto de la corrupción no es un tema racial, pero sí cultural, pero cultural como seres humanos”. Una luz meridiana cegó a Gamés: cuánta claridad, cómo se ve de inmediato cuando alguien sabe manejar lo que vienen siendo los conceptos.

Gilga hesita: ¿Viryi se refirió a la raza humana o las razas en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia? Porque de ser así, podríamos acusar a un eucalipto de peculado, a un perro dóberman de malversación de fondos caninos, a un helecho de desvío de cantidades estrafalarias de fotosíntesis.

No nos detengamos en naderías, la intervención del enérgico secretario en el foro “La información en el combate a la corrupción. ¿Cómo nos arreglamos?”, deslumbró a propios y extraños: “No es un asunto de inquisición, es un asunto de incentivos. Es entendible que como sociedad nos estemos orientando a tratar de reforzar las cuestiones vinculadas con el castigo”.

Gilga no entiende ni papa: A quién se debe incentivar, ¿a los corruptos?

De verdad, Gamés no comprende: “Si no se trabaja en los elementos previos de mejora a las regulaciones de nuestra vida cotidiana, los avances podrán ser importantes, pero no suficientes”. Los elementos previos de la mejora de las regulaciones de la vida cotidiana. Quizá Games tiene ya el déficit de la atención enraizado en el cerebelo, pero no entiende. Un grito desgarrador rompió el silencio que reinaba en el amplísimo estudio: Ay, mis hijoos confusos, difusos y profusos.

UN SECRETARIO DE HIERRO
El PRD, el PAN y organizaciones sociales han hecho un frente por una reforma anticorrupción. Gil lo leyó en su periódico Reforma en una nota de Claudia Guerrero: “Las dirigencias nacionales y legisladores federales del PAN y el PRD exigieron ir más allá de las sanciones administrativas, nombrar a un fiscal de hierro contra la corrupción y aumentar las penas de prisión por robar o desviar recursos públicos”.

Como el rayo, Gilga propone para ocupar esa fiscalía de hierro forjado a Virgilio Andrade. ¿Qué o qué? ¿A qué viene esa sonrisa sardónica? Con Andrade no hay tu tía, ni tu primo, ni tu hermano, ni tu jefe; su lema es temible: voy derecho no me quito y no respondo chipote con sangre.

Andrade es un potro indomable y así lo demuestra la forma en que solucionó el caso de la 'casa blanca' y la sesuda y valiente investigación después de la cual concluyó que no había conflicto de interés. Todos temblaban antes del 'Informe Andrade': los vendedores y los compradores. Virgilio nos arrasará con su carácter, su fortaleza, en fon.

Para fortuna de todos el asunto se decidió conforme a derecho. Oh, sí. Oiga, Virgilio, ¿por qué no lo llevaron a Alemania? Pero no nos desviemos. Revenons a nos moutons. “Panistas y perredistas anunciaron que actuarán en bloque para defender la propuesta de la sociedad civil denominada ley 3de3”.

BILLETES
Oigan esto que pescó Gamés en su periódico El Universal en una nota de Xóchitl Álvarez: “Oscar Bautista Alvarado, hijo del diputado local priista Oscar Bautista Villegas, fue exhibido en un video subido a las redes sociales encendiendo un cigarro con un billete de 500 pesos con dos jóvenes que también queman billetes”.

Desde luego, el diputado se deslindó del comportamiento de su hijo y añadió: “Yo creo que es un golpeteo sistemático que están realizando. Lo volvemos a afrontar, vamos a seguir trabajando, seguiremos dando la cara”.

El diputado añadió que en su familia procuran fomentar valores de honestidad y solidaridad. ¡Diantres!, farfulló Gil, la verdad es que el diputado ha procurado de manera un tanto cuanto insuficiente. Por lo demás qué ataque más raro el de los enemigos políticos del diputado: sugerirle al hijo que encienda cigarrillos con billetes y que éste acepte. Como diría el clásico: juventud, divino desdoro.

Ahora mal: La verdad, Gamés ha encendido puros pero con tarjetas de crédito, eso es otra cosa, mucho más difícil. Un lamento se oyó a lo lejos, en una colina distante: Ay, mis hijoos idiotas.

La máxima de Bertolt Brecht espetó en el ático de las frases célebres: “Muchos jueces son incorruptibles, nadie puede inducirlos a hacer justicia”.

Gil s’en va

Twitter: @GilGamesX

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