Opinión

Cordero, ¿mandadero de Madero?


 
 
La crisis Madero-Cordero no saldó cuentas con Felipe Calderón sino que llevó al PAN a una severísima crisis de identidad: ¿sirven los legisladores al pueblo que los eligió y a la nación o son piezas burocráticas, obedientes, sumisas, a las órdenes del Líder de su partido?
 
El manotazo autoritario de Gustavo Madero como presidente del CEN del PAN contra el coordinador de la bancada panista en el Senado recordó los estilos políticos del viejo PRI de la disciplina férrea a los intereses y voluntades del Caudillo en turno, sin importar los compromisos con la ciudadanía.
 
Es decir, que el PAN fue regresado por Madero a la concepción clásica de partidos políticos organizados en torno a la voluntad del dirigente como el gran repartidor de posiciones y de ideas. En los hechos, asimismo, Madero le dio la razón al sociólogo alemán Robert Michels. En el primer estudio sobre los partidos políticos y estudiando a los partidos socialistas, Michels estableció la tesis de la 'ley de hierro de la oligarquía': como toda organización social, los partidos quedan bajo el dominio de la élite dirigente oligárquica, quien los opera a capricho.
 
De ahí que Madero haya tirado al basurero político todo el avance del PAN en materia de organización partidista: primero echó del partido a los que se sumaron como vía de acceso a posiciones burocráticas luego de la victoria electoral del 2000 y ahora somete a los senadores panistas a la voluntad personal del dirigente. Si bien el PAN fue creado por Manuel Gómez Morín para no cometer los errores del PRI -PNR y PRM en esos tiempos-, Madero lo transformó en un aparato de distribución del poder a partir de la disciplina ciega al dirigente similar al viejo PRI.
 
Pero al mismo tiempo la crisis Madero-Cordero ha abierto otro debate serio en torno a la función de los legisladores: ¿representan a los electores o son empleados del dirigente de su partido? En 1824, en el debate de la primera Constitución de México, Fray Servando Teresa de Mier pronunció el famosísimo Discurso de las Profecías sobre el destino negativo del federalismo en tanto las élites no maduraran, y dentro de su argumentación también sentó el tema de la representatividad de los legisladores: ¿representaban los diputados a sus provincias o a toda la nación?
 
Mier fue muy severo: una vez electos, los diputados representaban a toda la nación; y dijo a los electores: "somos sus árbitros y compromisarios, no sus mandaderos". Y agregó: "si, pues, todos y cada uno de los diputados lo somos de toda la nación, ¿cómo puede una fracción suya limitar los poderes de un diputado general? Es un absurdo, por no decir, una usurpación de la soberanía nacional".
 
La decisión autoritaria de Madero no hizo sino convertir a los senadores panistas en mandaderos de la voluntad de él como dirigente del partido. Pero resulta que los legisladores, por mayoría relativa o representación proporcional, fueron votados socialmente para representar los intereses de la 'soberanía nacional'. De ahora en adelante, Madero acumuló el cargo de jefe político de los legisladores, otro recordatorio del PRI.
 
Lo grave del asunto fue el hecho de que las discusiones e iniciativas de Ernesto Cordero no se salieron de los espacios del programa político del PAN; al contrario, aun con la irritación de los pactistas, Cordero consolidó la función del Poder Legislativo con correcciones a los acuerdos del Pacto por México para mejorarlo en función de las ideas políticas panistas.
 
De ahí que Madero generó una severa crisis en la representación parlamentaria del PAN porque de ahora en adelante los legisladores panistas serán mandaderos -Mier dixit- del presidente nacional del partido y no representan los intereses de la nación en la configuración de las leyes. Madero llevó al absurdo la organización del Legislativo sólo como ventanilla de oficialía de partes de los acuerdos en lo oscurito en las élites de los 3 principales partidos.
 
¿Qué hubiera ocurrido si en legislaturas recientes el PRI se hubiera comportado como el PAN? Por lo pronto, el legislador Manlio Fabio Beltrones habría sido reprimido, cesado y enviado a una isla lejana. Sin embargo, el PRI aprovechó el espacio legislativo de Beltrones sin exigirle sumisión a sus liderazgos parlamentarios. Inclusive el PRD ha sido capaz de mantener los equilibrios entre tribus pero sobre todo entre poder, por más que algunas facciones hayan querido apresurar la ruptura.
 
En su afán dominador, Madero mostró una ignorancia sobre la organización de los partidos políticos modernos. Como fuerzas aglutinadoras de una propuesta, los partidos ya no funcionan verticalmente sino que operan como coaliciones dominantes -como lo ha estudiado Angelo Panebianco, un autor cuyo estudio Modelos de partido. Organización y poder de los partidos políticos debiera ser de cabecera de Madero- con acuerdos entre bancadas parlamentarias, burocracia central, estructura intermedia, agrupaciones locales. El punto que define la organización de un partido es la institucionalización, algo que el PAN ha olvidado en su evolución política. En términos estrictos, el PAN es una coalición dominante dividida e inestable y por tanto ineficaz en la lucha política.
 
La crisis provocada por el conflicto Madero-Cordero no es coyuntural, ni sólo tiene que ver con Calderón, ni menos aun se agota con el PAN en el furgón de cola del PRI con su papel en el Pacto. Se trata de una crisis de organización, de coalición dominante y del papel de los legisladores panistas como representantes de la nación en el espacio ideológico de un partido o como mandaderos de la oligarquía en la dirección en turno. ¿Votarán los legisladores los acuerdos del Pacto por México como representantes y defensores de la soberanía de la nación o como obedientes empleados del PAN bajo las órdenes estrictas el Líder?
 
Sin quererlo, Madero está configurando un PAN como una copia clonada del viejo Partido Comunista de la Unión Soviética, el legendario PCUS. Sólo falta que la sumisión al líder del partido lleve a los panistas a referirse, como en la URSS, a Papá Madero como ahí lo hacían con Papá Stalin.
 
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