Opinión

Coparmex se equivoca
al fomentar contenido nacional

La reforma energética presenta la posibilidad de incrementar el crecimiento potencial de México en quizá dos puntos porcentuales al año. Esto equivale a alrededor de 325 mil millones de pesos de producción adicional.

Esto no es por la inversión necesaria para desarrollar una infraestructura energética razonable sino, sobre todo, por el impacto que la producción (e incluso importación) de energía abundante y barata tendría para incrementar la competitividad internacional de muchos otros sectores industriales mexicanos.

Un monto así alcanzaría para cubrir todo el presupuesto de educación del país, y sobrarían 33 mil millones de pesos, por si algo más se ofrece. Además, incrementaría sustancialmente la oferta de empleo formal para millones de mexicanos.

México ha explotado un tercio de sus reservas petroleras, el que era más fácil de extraer. Ahora, el reto es cómo extraer el resto para convertirlo en puertos, aeropuertos, carreteras, escuelas, universidades, pensiones, provisión de salud y otros servicios que el pueblo mexicano necesitará cada día más, conforme envejezca.

Con certeza, podemos afirmar que el petróleo se acabará algún día y más nos vale que, para cuando eso ocurra, hayamos desarrollado una sólida base industrial y productiva que nos permita ser globalmente competitivos.

Hoy, el único objetivo debe ser maximizar la renta petrolera: sacar tanto como se pueda, generando la mayor utilidad posible. No debe haber otra meta. Para ello, no importa si quien logra maximizar la eficiencia es una empresa mexicana, estadounidense o china. El tema es cómo nos hacemos del mayor número de dólares posible, considerando que un dólar hoy vale más que el mismo dólar mañana.

No nos confundamos, ésta es una carrera contra reloj. Con el paso del tiempo, veremos cómo surgen más alternativas de energía, algunas fósiles y no renovables -pero extraordinariamente baratas de extraer- como el shale gas, y otras fuentes de energía limpia y renovable –pero todavía demasiado caras- como la eólica, la solar y la geotérmica. A la larga, el precio del petróleo bajará, lo cual es una pesadilla para países monoexportadores como Rusia, Arabia Saudita y Venezuela.

Cuando surgen otras prioridades para quienes quieren beneficiarse de la inversión energética, atentamos contra la competitividad de México como país. Eso es lo que pide la Coparmex, que insiste en incrementar el contenido nacional y la proveeduría local en la industria energética. Ceder ante esa propuesta sería suicida y un error histórico.

¿Quiere la Coparmex que sus agremiados participen en el sector? Inviertan. Asegúrense de que desarrollan empresas eficientes y bien capitalizadas y de que logran alianzas estratégicas con quien tenga la mejor tecnología. Ustedes ya tienen una ventaja natural al estar en México y entienden mejor las reglas del juego locales.

Fuera de eso, dejen que esto sea una competencia libre y sin ataduras. Se trata de que tengamos los mejores costos de producción, de que tengamos leyes claras que atraigan al capital internacional, y de que desarrollemos una ley secundaria moderna e inteligente. El único objetivo es maximizar renta, no importa la nacionalidad de quien produce, no importa a cuánta gente se emplee.

El mejor ejemplo del enorme fracaso de imponer leyes estrictas de contenido nacional es Brasil. Seis años después de haber sido el mercado más prometedor y en el cual todos querían invertir, la producción está hoy estancada y Petrobras tiene deuda excesiva. Los inversionistas extranjeros ven a ese mercado con enorme cautela pues, dadas las limitaciones de contenido local, resulta mucho más atractivo invertir en shale gas estadounidense o en arenas bituminosas canadienses.

Según un estudio de la consultora Booz & Co., los proveedores brasileños en la industria de servicios petroleros cobran 55 por ciento más que empresas similares internacionales. Además, las primeras se están viendo afectadas por el creciente costo financiero brasileño, conforme las tasas de interés locales van en aumento.

En la opinión de académicos brasileños, esta ley ha fomentado corrupción y el desarrollo de caros proveedores privilegiados, lo cual le ha restado competitividad a la industria energética local.

Querer incrementar el contenido local en México es igual de obtuso que cuando Pemex buscaba maximizar el número de empleados. Ya bastante rezago tenemos como para estar cargando nuevos lastres.
Quitémonos de tonterías.

Twitter: @jorgesuarezv